Opinión

Pensando en chino

Sería un error tratar de caracterizar al pueblo chino en un artículo: 1,400 millones de habitantes, 290 leguas vivas, 56 grupos étnicos; es una variedad muy grande para ser capsulada.

De todas formas, cuando pienso en ese pueblo recuerdo el cuento escrito por Lie Yukou en el siglo IV antes de Cristo: “el Viejo Tonto removió las montañas”.

Cuenta, que un señor débil y viejo, incómodo por tener que darle la vuelta todos los días a unas montañas para salir y regresar de su casa convenció a su familia para que comenzaran a desmontarlas y hacer un camino. Un vecino llamado “el sabio” le recriminó señalándole que un viejo tan débil no podrá ni siquiera ser capaz de arrancar unas hierbas. La respuesta del Viejo Tonto recorre las fibras del pueblo chino: “aunque yo muera, quedarán mis hijos y los hijos de mis hijos, y así sucesivamente, de generación en generación: y como estas montañas no crecen, ¿por qué no vamos a ser capaces de terminar por removerlas?”.

Mis viajes a China me han permitido comprobar ese carácter de laboriosidad y de visión estratégica y de largo plazo de este pueblo.

En 1991, asistí a un seminario en Taiwán. Se organizó una visita a la isla de Kinmen (Quemoy). Habíamos unos 30 participantes de Latinoamérica, y el día que nos tocaba salir, solo 20 estuvimos a tiempo para la partida, y cuando llegamos al aeropuerto, cinco se pusieron enfermos, así que solo viajamos 15.

Ya montados en el avión comencé a darme cuenta del porqué de las ausencias. Volábamos casi a nivel del mar, y cuando pregunté me dijeron que era para evitar los radares de la República Popular China (RPCH). Cuando llegamos a Quinmen, miles de hierros terminados en punta, sembrados de manera vertical, se veían por todo el territorio, y tenían el propósito de enganchar los paracaídas de quienes trataran de invadirlos. Estábamos a solo dos kilómetros de la China Continental. El viaje no pudo ser más impresionante, recorrimos kilómetros de túneles donde se guardaban hasta barcos, y comimos en un restaurante bajo tierra. En esta isla se había librado una batalla en 1958. El gobierno de la RPCH la bombardeó durante 48 días, y durante 20 años las artillerías atacaban los días impares.

Lo que puede parecer extraño es que aunque el gobierno del Partido Comunista Chino de Mao Zedong y el de la isla de Taiwán de Chiang Kai-Shek estaban en guerra, lo único que para ambos estaba claro es que había una sola China: la diferencia es quién la representaba.

Esta visión de una sola China quedó reflejada en lo que se ha denominado “el consenso de 1992”, que fue una reunión semioficial entre representantes de la RPCH y de Taiwán donde quedó claro el “principio de una sola China”, dejando pendiente la definición de que es China para cada una de las partes. A partir de mayo de 2016 todo comenzó a cambiar en las relaciones. Fue elegida como presidenta la líder del Partido Democrático Progresista Tsai Ing-Wen con un discurso independentista (Taiwán no es China).

En junio del 2016, se suspenden las comunicaciones oficiales entre ambas partes. En junio del 2017, Panamá rompe relaciones con Taiwán. En este mes lo hicimos nosotros. La semana pasada China criticó duramente a las líneas aéreas internacionales por referirse a Taiwán como un país. Este viernes pasado las Fuerzas Armadas de la RPCH realizaron ejercicios militares en al canal Bashi, que separa a Taiwán de Filipinas.

No creemos que las tensiones entre Taiwán y la RPCH terminen en enfrentamientos militares, pero me queda claro que como el Viejo Tonto en algún momento se eliminará la montaña de la división: tienen perseverancia y tiempo.

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