Opinión

Prudencia, virtud de sabios

Se tiene a Grecia como la cuna de la civilización occidental por su gran desarrollo en las artes, la filosofía y las letras. Grandes pensadores griegos dieron fruto al magnífico legado que nos sirve como base del pensamiento, del conocimiento y de la lógica, que redunda en el comportamiento humano.

Temas relativos a la prudencia y a la ética se convirtieron en tópicos de constantes debates que se asociaban a la conducta del ser humano como signos de virtuosidad, sabiduría y experiencia, llegando a considerarse a la prudencia como la madre de todas las virtudes, y como la virtud de sabios.

Dicho esto, en un acto de prudencia y sabiduría, el presidente Medina solicitó a los presidentes de ambas cámaras legislativas mediante una comunicación, para que “se abra un espacio de diálogo entre las diferentes fuerzas políticas representadas en el Congreso Nacional, con miras a buscar una salida viable y de consenso” que posibilite aprobar la Ley de Partidos.

Solo este párrafo imprime la intención del presidente de que se llegue a un acuerdo –entre todos- con solución inmediata. De forma racional y anteponiendo los intereses de la nación a sus intereses particulares sacó del debate nacional un tema que nos estaba arrastrando a enfrentamientos innecesarios. Neutralizó el rumor público que sindicaba una ruptura en el partido de gobierno, algo a lo que apuestan los opositores.

Distinto a lo que algunas plumas experimentadas y con sentido avieso han querido interpretar en esta carta, la misma ha constituido un bálsamo que refresca la temperatura política cuyo ambiente empezaba a caldearse. No en vano todos los sectores que inciden en el quehacer nacional y que ya se habían pronunciado sobre el método de elección de su preferencia, acogieron con beneplácito el paso dado por el mandatario.

Y para coronar esta noble petición de consenso, el doctor Leonel Fernández celebra el llamado a entendimiento como forma de advenimiento y “un paso hacia adelante en el fortalecimiento institucional del Estado de Derecho de la República Dominicana”.

Luego de este certero ejercicio político y democrático llevado a cabo por el liderazgo, solo nos queda pedirle a los llamados a cumplir con lo acordado, que se mantenga la ecuanimidad y el buen proceder. Nadie ha perdido, ganó la democracia.

Firmeza y resiliencia se entendieron, más que suficiente. El resto, sobra.

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