Opinión

Vítores y sinsabores de la política

Quienes incursionan en formas militantes en los partidos políticos son susceptibles de experimentar, con inusitadas frecuencias, uno de estos dos extremos: Vítores y sinsabores.

Se disfrutan de los vítores cuando se obtienen triunfos en los procesos internos para ocupar un espacio en las cúspides de las organizaciones, ganancias de cargos públicos en elecciones presidenciales, congresuales o municipales y por designaciones en ministerios.

Se sufren en demasía los sinsabores que producen las derrotas y, en especial, de aquellas que están acompañadas de traiciones y decepciones que provienen de personas y grupos en el poder cuyos “triunfos” los obtuvieron gracias a los aportes, esfuerzos y sacrificios que fue necesario realizar en determinadas circunstancias.

La historia de los países latinoamericanos registra una buena cantidad de líderes políticos que saborearon los vítores y néctares de las victorias. Pero que, en breve tiempo (4 ó 6 años), cuando se desvinculan del poder, sufrieron los sinsabores de las derrotas, de traiciones y decepciones como consecuencias de las ambiciones, resentimientos, ingratitudes y perversidades que se anidan en los sentimientos que inducen a ese negativo comportamiento humano.

El conocimiento de esa inmutable realidad es el fundamento del razonamiento “le ofrezco como pago de su obra, el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres” que le manifestó José Martí al General Máximo Gómez, cuando le solicitó participar en la epopeya cubana y confiarle la Jefatura del Ejército Libertador (Monte Cristi, 1895).

Merece estudios a profundidad y serias reflexiones el conjunto de apresamientos y persecuciones que, después de finalizada la “guerra fría”, del 1990 a la fecha, se ha desatado contra presidentes, vicepresidentes, ministros y legisladores en varios países de América Latina, bajo el sambenito de corrupción y malversación del erario.

Padeciendo de las ingratitudes y sinsabores de la política o las consecuencias de sus errores y permisivas ejecutorias, actualmente, se encuentran 13 ex presidentes y más de 35 ministros y legisladores latinoamericanos presos o a tris de ser encarcelados.

Esta reflexión, Desde el Municipio, se motiva por las penosas situaciones en las que se encuentran varios ex presidentes, principalmente, Lula Da Silva y Rafael Correa, de Brasil y Ecuador. Ambos son víctimas de la acción directa de personas que disfrutan del poder, en gran medida, gracias a los aportes que, en su momento, hicieron los dos líderes en sus respectivos países.

Acontecimientos similares nos enseña la historia dominicana: Desde los padecimientos del patricio Juan Pablo Duarte, los fusilamientos de Francisco del Rosario Sánchez y María Trinidad Sánchez, pasando por el nefasto derrocamiento del Prof. Juan Bosch hasta convertir en preso político al ex presidente Salvador Jorge Blanco.

Si nuestros líderes políticos indagaran en esa extraña historia de vítores y sinsabores que nos lega las actividades políticas, cuando están disfrutando de las mieles del poder serían más sensatos, prudentes, tolerantes y preocupados por ceñir sus gestiones con transparencias y dentro de la legalidad las soluciones a las necesidades de sus pueblos, desestimando las canonjías y procurando ser ejemplos de líderes que disfrutaron de “las alturas del poder” sin perder el juicio, sin emborracharse y actuaron con fidelidad a los postulados de sus partidos y con gratitud hacia sus compañeros y aliados.

Si así actuaren, nuestros actuales líderes políticos serán dignos ejemplos de personalidades históricas que disfrutaron de los vítores que da el poder del Estado sin padecer alucinaciones ni los sinsabores de la política, con lo cual contribuirán con el progreso y bienestar social, dejarán un extraordinario legado a las presentes y futuras generaciones y de esa forma inscribirán sus nombres con tinta indeleble en las páginas de la Historia Patria y de la historia política de América Latina. ¡Amén!

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