Opinión

El profesor, difícil oficio en la época actual

El viernes último estuve por San José de Ocoa hablando del oficio docente, con un grupo de profesionales habilitadas para ser profesores. Era un grupo considerable de personas, a los que se sumaron decenas de amigos y algunos compañeros. Quiero exponer a ustedes el trípode de cuestiones que les plantee en el Salón del Ayuntamiento Municipal.

La primera pata del trípode trata de la responsabilidad social del profesor. Inicié mis palabras diciéndoles, que la responsabilidad social del profesor no se encuentra en ningún manual del profesor dominicano, pero debería, debido al papel trascendente que éste desempeña frente a la sociedad en sentido general y frente a las familias en donde conviven sus alumnos en sentido particular.

Traje a colación a mi abuelo, diciéndoles que el viejo me contaba una historia aleccionadora acerca de cuatro personas llamadas “Todo el Mundo”, “Alguien”, “Cualquiera” y “Nadie”. Había que hacer un trabajo y “Todo el Mundo” estaba seguro de que “Alguien” lo haría. “Cualquiera” podría haberlo hecho, pero “Nadie” lo hizo. “Alguien” se enfadó, porque ese era el trabajo de “Todo el Mundo”. Pero “Todo el Mundo” pensó que “Cualquiera” lo haría y “Nadie” se dio cuenta de que “Todo el Mundo” no lo había hecho. Al final, “Todo el Mundo” culpó a “Alguien” porque “Nadie” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho. Y me pregunte ¿Qué hacer ante este drama humano para conseguir las mejoras que necesita la sociedad? Y respondí la interrogante, entrando en la segunda pata del trípode que estaba construyendo y entonces les dije, que el profesor de escuela inicial, primaria y secundaria, tiene la necesidad de ser alfarero en la cohesión familia-escuela.

El profesor necesita ganarse a las familias de sus alumnos como aliadas de su labor. El oficio docente es un arte de relaciones fundamentadas en la sociedad, comenzando por la propia escuela y terminando en la familia de los alumnos que nutren su aula. La construcción cognitiva de los modales en la familia se eslabona con las jornadas áulicas y escolares, haciendo más fácil las labores de la escuela en la convivencia entre alumnos-alumnos; profesores-alumnos; actores oficiales del sistema-APMAES.

La autoridad del profesor en la relación con los alumnos, depende de cómo valoran las familias al profesor y a la escuela. El papel de la disciplina es el orden, es la coherencia de las acciones para con las normas y las aspiraciones humanas.

Es al profesor que le corresponde trabajar en forma directa, esa importante relación con las familias de sus alumnos. Esa labor no es remunerada por el Ministerio de Educación, pero sin esa labor realizada a conciencia, serán fallidas todas las acciones tácticas emanadas de las estrategias construidas desde las políticas educativas a nivel del sistema.

La tercera y ultima pata del trípode esta cimentada sobre el trabajo de la concia. Trabajar la conciencia es la alternativa a la situación actual de la educación Latinoamericana y esencialmente para la República Dominicana, es la toma de conciencia del contexto en que estamos viviendo –tanto global como particular- para que despertemos a una realidad social, económica y política que se manifiesta inconveniente para la mayoría de la población mundial y nacional. El docente debe trabajarse a sí mismo y luego trabajar sobre sus alumnos. El auto trabajo del docente y el trabajo sobre los alumnos consiste en formarnos a diario y en forma persistente, sostenida y sustentable, en el sentido de la reflexión, en el examen profundo de las cosas y del debate acerca del contexto socio histórico en que nos ha tocado vivir, es decir, la realidad objetiva de los acontecimientos en perspectiva.

Y ya entrando en la recta final, lance la siguiente pregunta, ¿Qué se está fortaleciendo actualmente en el mundo? Y a seguidas argumente, sobre la realidad objetiva de que siempre el mundo le ha pertenecido a los más fuertes. Si, le ha pertenecido a aquellos de mayor poder de fuerza, pero que desde el nacimiento de la sociedad capitalista, los que han logrado acumular -no importa cómo- mayores recursos económicos, han estado construyendo un mundo para ellos, para el disfrute solo de ellos y de nadie más.

Solo nos queda la conciencia para presentarla al mercado social como oferta académica y filosófica. Nuestra toma de conciencia sobre los hechos que se desarrollan ante nuestras narices, sobre los derechos propios e inherentes al ser humano, porque soy y me reconozco un ser humano que es capaz de reflexionar y que aleja de su toma de decisiones todo lo que tiene que ver con el apasionamiento irracional, el inmediatismo que impera en las aspiraciones y de lo ilógico, razonado desde la conciencia particular. Tenemos como activo, como pertenencia vital el reconocimiento de que el mundo pertenece a cada ser humano y por lo tanto, tengo derecho a reclamar equidad. En consecuencia, lo que está en el mundo me pertenece como responsabilidad social, me pertenece con derecho a saber, con derecho a intervenir, con derecho a cambiar. Eso se llama conciencia, en la fase dinámica de la vida social.

La conciencia no se gana en un espacio determinado de tiempo, en un día, una semana, un mes o unos años. Uno no adquiere conciencia y ya, el individuo humano va construyendo a diario su conciencia sobre los hechos y las circunstancias de la vida, la conciencia va trascendiendo día tras día, con el objeto de superar las circunstancias, contradiciendo a José Ortega y Gasset, porque aquel que se conforme con que el hombre es él y su circunstancia, no trabajará lo imposible y la escuela necesita, la humanidad necesita que le hagamos caso a San Juan Pablo II cuando dice, que lo imposible es lo que falta por hacer.

Con este tema continuaré, porque falta reflexionar sobre las exigencias que hace la sociedad al profesor y el escaso reconocimiento que recibe el docente, por parte de las familias que aportan el número de alumnos con los que el trabaja en su aula.

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