Opinión

FF.AA y la Policía

No puedo negar mi asombro al leer en varios periódicos de circulación nacional las declaraciones del vocero de la policía nacional, coronel Frank Félix Duran Mejía, en el sentido de requerirles a los oficiales pertenecientes a esa institución realizar su declaración jurada de patrimonio.

Confieso que el asombro fue mayor cuando más adelante al continuar la lectura del texto informativo encuentro la advertencia de que aquellos oficiales que no acaten la referida disposición policial se expondrían hacer sancionados hasta con la cancelación por el Consejo Superior Policial por faltas graves.

De entrada pienso, que esta iniciativa tomada por la Policía Nacional debe ser apoyada, estimulada y vigilada por todos los sectores de la sociedad dominicana que en realidad están comprometido con la transparencia y la rendición de cuentas a todos los niveles.

Aquí todos sabemos del descredito y mala reputación de ese cuerpo del orden, sus historias son horribles, sus cuestionamientos en términos de moral pública tradicionalmente han sido vergonzosos.

Ahora bien, visto que hay una cruzada de transparencia y rendición de cuentas por todo el mundo, en donde se pretende que las instituciones públicas se manejen como una casita de cristal, le haría bien a otros estamentos del Estado dominicano, como por ejemplo, Las Fuerzas Armadas Dominicana hacer lo propio.

Lo digo porque sobre esas dos entidades públicas históricamente se ha dicho y se dice de todo y con frecuencia se escuchan denuncias de conductas indelicadas atribuidas a algunos hombres de uniformes de alto rango, tanto de las Fuerzas Armadas como de la Policía Nacional.

Ha llegado el momento de no permitir vacas sagradas, es el tiempo de que todo aquel que ostente un cargo elevado en la estructura del Estado o que maneje dinero público rinda cuentas a los ciudadanos de ese país.

No se puede seguir permitiendo que en las filas policiales y en los cuerpos militares en pleno siglo XXI permanezcan algunos comportamientos y procedimientos propios de la Guerra Fría. Aquí las reglas deben aplicarse para todos por igual, esas instituciones no pueden manejarse como un Estado paralelo. El tiempo cambió ¡bien por la Policía!

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