Opinión

Rutas del comercio

Dentro de la economía mundial contemporánea está tomando cuerpo la organización de rutas comerciales que faciliten los intercambios de bienes y servicios entre las unidades productivas y los mercados, garantizando por este mecanismo de organización geográfica mejores condiciones para la obtención de ganancias por parte de las empresas, así como de satisfacción de consumo para los ciudadanos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, organismo especializado de las Naciones Unidas, en la página 3 de la edición de junio de 1984 de “Cuadernos de la UNESCO” describió los senderos de las rutas comerciales: “Caravanas que avanzan lentamente a través de anchurosos desiertos; imponentes galeones cargados de especias que surcan el mar, a impulsos de los vientos alisios, hasta los puertos de Europa occidental; gigantescos petroleros, del tamaño de una pequeña aldea, que transportan petróleo a un mundo hambriento de energía”.

Históricamente la configuración de rutas comerciales ha estado asociada a los intereses comerciales (y geopolíticos, aunque éstos permanezcan en bajo perfil) de las potencias económicas de la época por expandir los negocios a zonas geográficas descubiertas, así no estuviesen bajo su control colonial.

Así, pensemos en la conocida Ruta de la Seda donde China movilizó durante los siglos XIII y XIV su comercio hacia los países árabes de entonces, llevando su cotizada producción hacia Europa.

Para facilitar los intercambios comerciales el imperio chino de la época construyó una infraestructura de redes de caminos y sendas por donde los camellos y caballos avanzaban en grandes caravanas, cargados con mercaderías (no sólo seda, sino una gran diversidad de productos, tales como porcelana, bronce, hierro y pieles, para sólo citar algunos) que atravesaban muchos kilómetros de zonas desérticas para llegar a manos de los consumidores.

Se conoció también a la Ruta de las Especies. Pero, ¿qué eran las especies? Fueron unos productos de origen vegetal que se utilizaban ayer –y también hoy- para sazonar los alimentos y ofrecerles cierta capacidad de conservación ante los factores ambientales y climatológicos adversos, tales como pimienta, canela, sal, azafrán, nuez moscada, clavo y vainilla, entre otras especies.

Y cuando Cristóbal Colón se lanzó a los mares en 1492 en busca de la ruta de las especias de la India, China y Oceanía para conectarla con Europa, sin proponérselo abrió el sendero para una nueva ruta comercial donde España pasaba a conquistar y colonizar vastas extensiones geográficas que fueron arrebatadas a sus legítimos dueños: la población originaria, indígena.

La que ha sido bautizada por la historiografía como la Ruta Comercial de la Nueva España a partir del siglo XVI pasó a conectar los nuevos territorios agregados al mapamundi de la época con centros productivos no sólo de Europa, sino de Asia donde la producción y el comercio de Filipinas se hicieron presentes.

Téngase en cuenta también las redes de intercambios comerciales que conectaron a las economías latinoamericanas y caribeñas con el resto del mundo en la época del descubrimiento, conquista y colonización del bautizado Nuevo Mundo, así como durante el período de la independencia y constitución de los nacientes Estados.

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