Opinión

Cambio climático y salud

Las últimas décadas han sido testigo de fenómenos atmosféricos exagerados en la República Dominicana, incluidos huracanes, temblores de tierra, lluvias torrenciales repetidas, marejadas intensas y sequías prolongadas con veranos ardientes. Nadie vaya a pensar que se trata de un castigo endemoniado de carácter exclusivo, otros pueblos hermanos en distintos continentes reportan modificaciones climáticas similares o peores como son los maremotos. Siglos atrás se les achacaban estas calamidades a fuerzas de otros mundos; hoy gracias a los avances de la ciencia hemos podido comprobar que el gran culpable de estas catástrofes telúricas lo es el Homo sapiens. Somos los habitantes del planeta tierra quienes hemos consumido excesivamente los recursos fósiles generando mucho calor, el cual se se ha expandido por todo el globo, dando lugar al descongelamiento de los polos terrestres y el consiguiente desequilibrio térmico.

Los efectos nocivos del cambio climático sobre la salud humana son muy evidentes en las personas más vulnerables, como las que ocupan los extremos del calendario vital: los ancianos y los niños. Ello no significa que el resto de la población esté exenta del peligro que implica el calentamiento global ya que al afectarse la cadena ecológica completa, nadie se escapa del maleficio.

Las lluvias, los vientos y las sequías causan estragos en la agricultura y la ganadería trayendo hambrunas y calamidades a las naciones pobres. Las plagas se amplifican y modifican lo que acarrea epidemias de malaria, dengue, chikungunya, influenza, leptospirosis, gastroenteritis, hepatitis, encefalitis, neumonías, así como serios trastornos emocionales.

Los golpes de calor son ingredientes relevantes en lo concernientes a las muertes cardiovasculares y broncopulmonares tan frecuentes hoy en día. La ansiedad, el estrés y los graves trastornos mentales se han exacerbado en este nuestro acalorado mundo caribeño. Ni que decir de las afecciones alérgicas de la piel.

Siendo una realidad innegable, debemos prepararnos para enfrentar un grave problema que como fuego gigante cada día gana más terreno y cobra nuevas víctimas. Ello implica cambio en los estilos de vida, educación, vivienda, transporte, alimentación, diversiones, trabajo y consumo. Gobierno, sociedad civil, iglesias, clubes, escuelas, partidos políticos, empresarios, ganaderos, agricultores, obreros, transportistas, estudiantes, intelectuales, deportistas, hombres, mujeres y niños deben hacer conciencia del grave momento que vive la humanidad para lograr un gran frente común que nos salve a todos. La atención primaria en salud tiene un papel estelar que jugar en la promoción de los nuevos hábitos de vida a implementar, amén de garantizar el acceso de la población infantil y ancianos a los programas de vacunación.

Debemos estar pendientes de las mutaciones que están sufriendo vectores y microbios con la resultante ineficacia de agentes químicos y antibióticos otrora efectivos contra insectos y bacterias.

El malgasto irracional de los hidrocarburos y el excesivo acumulo de monóxido de carbono en la ciudad ponen en peligro de muerte a cientos de miles de ciudadanos con padecimientos obstructivos crónicos pulmonares y latentes afecciones cardiovasculares como son la arteriosclerosis y la hipertensión arterial. Al agravarse la escasez de alimentos sanos, aunada a la desigualdad marcada en la distribución de la riqueza nacional, veríamos los efectos del calentamiento global en nuestro país como el último leño que le rompió el espinazo al camello.

De no prestar la debida atención a los efectos directos del cambio climático en la salud, sanos y enfermos seguiríamos pagando las nefastas consecuencias.

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