Opinión

54 años después

Pasado mañana miércoles se cumplen cincuenta y cuatro años del episodio político, militar y patriótico, más grande en la historia contemporánea de República Dominicana en el siglo XX.

Ha sido conocido hasta hoy con el nombre incorrecto de “La Revolución de Abril” y el autor de esta columna lo ha llamado desde su génesis “La epopeya incompleta”, porque la epopeya más completa en esos términos como hemos referido, en la historia del pueblo dominicano, ha sido la de “La restauración de la República” iniciada en agosto de 1863.

Abril de 1965 y sus consecuencias dramáticas, heroicas, dolorosas, es un capítulo de nuestra historia que conmovió a América y al resto del mundo; que honra al pueblo dominicano por la demostración de valor y sacrificio de los que participaron en él.

Inicialmente fue un enfrentamiento fratricida y después una guerra de honor, dignidad y soberanía contra un ejército invasor. Ese capítulo debe llenarnos de orgullo y servir de satisfacción a quienes se benefician hoy, ahora de un régimen democrático imperfecto, muy imperfecto, que nos permite vivir con relativo respeto y tolerancia

Militares y policías constitucionalistas, oficiales superiores, subalternos, clases, soldados; civiles revolucionarios, profesionales, mujeres y hombres del pueblo eran dominicanos. Militares, policías, civiles, mujeres y hombres del pueblo, contrario al movimiento constitucionalista, eran dominicanos también; combatieron, se sacrificaron y murieron abonando con su sangre esta tierra generosa, hermosa, que nos vio nacer.

El amor y el respeto a ella nos obliga a echar un velo de compresión sobre lo pasado para no mantener, 54 después, una actitud de rencor o intolerancia contra quienes nos enfrentamos.

En ese episodio inolvidable se destacaron mujeres y hombres, en diferentes papeles; pero el más importante, heroico, indiscutible, fue el pueblo dominicano, calificado por uno de esos actores extranjeros que perdió la vida, IllioCapocci, como un pueblo de “valor y sacrificios extraordinarios”.

Todos fuimos protagonistas, pero el actor principal en episodios del pasado como Palo Hincado, las Guerras de Independencia contra Haití, La Restauración y la Guerra de los Seis Años, similares al que estamos recordando, ha sido nuestro pueblo llamado “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”, admirable y eterno decimos nosotros, “actor solitario de su historia”.

Parte de los párrafos de esta columna corresponden a las conclusiones que presentamos en el seminario “Conmemorativa al Cuarenta Aniversario a la Revolución de 1965” que bajo el título de “Guerra de Abril, inevitabilidad de la historia”, como textos del seminario organizado por la Secretaria de Estado de las Fuerzas Armadas, volumen editado por “La Comisión Permanente de Efemérides Patrias”, en abril de 2005.

En ese evento expusieron actores de primera, segunda y tercera categoría, que el autor de esta columna estima; no es necesario señalarlos porque algunos han participado en todo lo que se ha recordado, analizado y comentado, pero en la realidad de los hechos nada tuvieron que ver

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