Opinión

Recordando a Héctor García Godoy (1 de 2)

En la mañana del 20 de abril de 1970, hizo 49 años el mes pasado, la nación dominicana recibió con asombro la infausta noticia que constituyó el deceso prematuro y sorpresivo de quien había sido desde 1963 una personalidad descollante de la política, el empresariado y la diplomacia, Presidente de la República y candidato emergente a tan alta posición justo en el momento en que acaece su muerte.

Héctor García-Godoy tenía una doble ascendencia de valores culturales, patrióticos y morales, de especial magnitud. Su padre fue el poeta Emilio García-Godoy, un vegano que dedicó los últimos años de su existencia a residir tranquilamente en la comunidad de Estancia Nueva, Moca, donde murió en agosto de 1969. Don Emilio era el octavo hijo de los diez que procreó don Federico García Godoy, el autor de Guanuma. Llevó una vida apacible, por ratos contestataria, reacio a los formalismos sociales y a las virulencias políticas, aunque llegó a servir en el campo diplomático a Trujillo. Ejerció el periodismo y es considerado el mejor sonetista dominicano. Bruno Rosario Candelier, que dirigió la publicación de sus poesías en edición póstuma, afirma que las particularidades poéticas de don Emilio “que realzó el amor y la patria en la canción”, son “vigor conceptual, rigor formal y fuerza expresiva”.

Su madre fue Ana Cáceres, la primera hembra de los tres primeros hijos de Ramón Cáceres y Narcisa Ureña, nacida apenas tres meses antes de que se produjese el ajusticiamiento del tirano Ulises Heureaux en una calle mocana finisecular, gracias a un balazo certero de Mon. Su abuelo y bisabuelo maternos tenían fama de hombres bragados, dueños de una bizarría espartana. Mon Cáceres, a pesar de su aspecto bonachón y rural, había sido un presidente visionario que intentó colocar durante su gobierno las primeras piedras del progreso dominicano. El bisabuelo de Héctor, Manuel Altagracia Cáceres (Meme), fue un valiente general oriundo de Azua, desde donde partió la estirpe cacerista establecida en Moca, en la campiña pródiga de Estancia Nueva. Meme Cáceres, baecista, llegó a ser transitoriamente también Presidente de la República, tras la renuncia forzosa del general José María Cabral, en 1868. Diez años después sería candidato a la presidencia enfrentando a Césareo Guillermo, pero fue asesinado antes de las elecciones. Su hijo también sería asesinado en el ejercicio de la presidencia el 19 de noviembre de 1911, mientras se paseaba sin escolta por la zona de Güibia, justo en lo que hoy es la avenida Independencia con Socorro Sánchez, cayendo inerte en la galería de la todavía bien conservada vivienda que alberga a un reconocido centro educativo. Cuando se menciona que Moca, a pesar de haber sido y de seguir siendo un pueblo pequeño, ha tenido tres presidentes, se ignora que esos tres mandatarios provenían de una misma sangre. Ramón Cáceres, el primero, era abuelo de Héctor y primo de Horacio Vásquez. Y no olvidemos que uno de los dos triunviros que dirigían el país cuando estalló el grito abrileño era Ramón Cáceres Troncoso, también nieto de Mon y primo de Héctor. Y que de ese linaje forma parte también Luis Manuel Cáceres Michel (Tunty), asesinado por Ramfis Trujillo en el múltiple crimen de la Hacienda María. (Nadie ha colocado todavía un gran cartel a la entrada del poblado de Estancia Nueva, que indique que la procedencia de estos grandes hombres que ejercieron la primera magistratura de la nación se ubica justo en esa parte ilustre de la villa mocana). Anotemos aquí que la amplia estirpe de los Cáceres y Vásquez está entrelazada por variados orígenes. Mon era hijo de un azuano que, a su vez, provenía de padre venezolano casado con una dama de Las Matas de Farfán. La madre de Mon, Remigia Vásquez Lizardo, era hija de un español casada con una mocana. Mon casaría con una santiaguera que a su vez era nieta del cura Manuel María Valencia, quien tuvo una hija llamada Juana Valencia Billini que fue la madre de Narcisa Ureña. Valencia, para que veamos la inserción de tantos ancestros en la vida política, fue el presidente de la Constituyente de San Cristóbal. El abuelo de Héctor, Federico García Godoy, autor también de Rufinito, era de Santiago de Cuba, descendiente de catalán y cubana que vino al país a los once años de edad, a causa de la fuerte emigración que se produjo por la conclusión de la Guerra de los Diez Años y de la Paz de Zanjón, en Cuba, cuando el ejército libertador de la más grande de las Antillas capituló ante las tropas españolas. Formó familia en La Vega y adoptó la nacionalidad dominicana. Horacio Vásquez era nieto de español con mocana, por parte de padre, y de parte de madre era descendiente azuano, como ocurría con su primo Mon.

Héctor García-Godoy heredaba la vena literaria, que nunca se supo que ejercitó, de parte de su padre y de su abuelo, ambos hombres doctos, rectilíneos, de carácter fuerte, literatos de vocación. Paradójicamente, el abuelo Federico había sido perseguido por los soldados norteamericanos durante la intervención de 1916, a causa de su obra El derrumbe, que denunciaba las acciones de los interventores y las consecuencias de la invasión foránea. Héctor ascendía a la presidencia de la República con el visto bueno de los interventores de 1965. Juan Bosch, quien lo designó canciller en su efímero mandato, era un admirador de la obra literaria y patriótica de Federico, que había leído en su mocedad.

Don Héctor iba a morir apenas unos ocho meses después de su padre, fulminado por un colapso cardíaco ocurrido mientras dormía. Siendo aún embajador en Washington, pero proyectada ya su decisión de fundar un movimiento político tuve la oportunidad de conocerle personalmente, yo apenas un jovencito de 17 años de edad. En aquellos días posteriores a la revolución de abril, cuando él ascendía a la presidencia de la República para cumplir un mandato provisorio y difícil, Héctor García-Godoy había impresionado mi todavía frágil sistema de pensamiento político, a causa de mi corta edad y mi escasa preparación en el tema. Había corrido siendo prácticamente un niño detrás de Viriato Fiallo cuando llegó a Moca para realizar uno de sus mítines de combate a los remanentes del trujillato, como se decía entonces. Acompañé a don Angel Miolán cuando se desmontó en el parquecito de La Victoria de mi pueblo para ir a pie junto a un pequeño grupo hasta el parque Cáceres en la primera presencia del PRD allí. Estaba debajo del balcón del Hotel-Restaurant El Panorama, en medio de una concurrencia escasa, para escuchar un discurso de Juan Isidro Jimenes Grullón, que presidía la Alianza Social Demócrata, su voz ronca y sus ojos cansinos. Nunca conocí a Manolo, porque el líder catorcista nunca visitó Moca, a pesar de la importante dirigencia que logró articular en mi comunidad el 1J4, compuesta por Manuel Lulo Gitte, Rafael –La Tonga- Márquez, Hitler Arturo Morera, Tito Serrata, Gongo, Marino y Norma Díaz, Liquito Peña Jáquez, Ciso Guzmán, Rosario Bautista, Darío y Rafael Ovalles, Tomás Martínez, Josefina de la Rosa, Erasmo Frías, Antonio Marte, Oscar Corazón, Héctor Balcácer, Canín Guzmán Fernández, Arnaldo Vásquez y Punco Díaz Piñeyro. Los que sí visitaron Moca fueron Juan Miguel Román y Alfredo Peralta Michel, en el local del 14 de junio, calle Colón esquina Presidente Vásquez, con su amplio letrero pintado por Zumba. A Juan Bosch tampoco recuerdo haberlo visto en Moca para la época. La provincia Espaillat era mayoritariamente ucenista y el ambiente estaba muy tenso entonces entre las dos corrientes políticas que terciaron en las elecciones de 1962, donde UCN logró ganar la senaduría, los diputados y el ayuntamiento. El PRD apenas obtuvo un regidor. Seguía a los líderes de la época en sus trajines proselitistas, pero no estaba capacitado para entender la política y sus meandros.

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