Opinión

Importancia de los empresarios en la educación

En los últimos tres lustros del siglo XX la República Dominicana fue escenario de grandes cambios estructurales, esencialmente en el andamiaje legal, con la finalidad de cambiar la cultura de poder establecida sobre una autoridad poco transparente y negada a la rendición de cuentas.

Este no fue un fenómeno meramente dominicano, sucedió casi en todo el mundo latinoamericano.

En el año 1988 iniciaron estos cambios con un grupo de empresarios organizados en torno a Acción Pro Educación y Cultura (APEC), comandados por el Ing. Gustavo Tavares Espaillat.

Estos empresarios armados de una visión de cambio, buscaban respuestas a una pregunta clave: ¿cómo revertir el entonces alarmante deterioro del sistema educativo dominicano? Ese momento fue clave para enfrentar los retos de un desconcierto total en cuanto al rumbo de la educación nacional.

La génesis de todo ese esfuerzo empresarial nunca visto en nuestro país, fue inspirada por el modelo escolar desarrollado en Consuelo, un proyecto que germinaba paradigmas de cambios para los múltiples escenarios del proceso educativo y las actitudes de sus actores básicos, enclavado en una zona deprimida y que había sido productora de caña de azúcar por décadas.

El papel de las “monjitas” que trabajaban en el centro, acompañadas por Sor Ana Nolan y Sor Leonor Gibb, se gestó como un proyecto educativo innovador fundamentado en el desarrollo educativo a partir de variables como la participación, el intercambio de valores, el aprendizaje dinámico y respetuoso de las condiciones propias de estudiantes y familias.

Otro gran aporte esperanzador para esa última etapa de la octava década del Siglo XX surgió del Instituto de Investigaciones de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, en las personas de los licenciados Julio Leonardo Valeiron y Elizabeth DeWindt.

Para ese entonces el Instituto había concluido en abril 1988 un interesante estudio titulado “Las escuelas efectivas en la República Dominicana.”

Dicho estudio buscaba determinar las características que diferenciaban las escuelas primarias públicas efectivas de las menos efectivas en la ciudad de Santo Domingo.

De igual forma, la Fundación Friedrich Ebert tuvo a bien auspiciar la publicación del estudio Situación Socioeconómica y Formación del Magisterio en Santo Domingo (Santo Domingo, 1988) de la socióloga Miriam Díaz Santana, y mantenía un marcado interés en apoyar a grupos locales interesados en la reforma educativa.

Sin lugar a dudas, la investigación de Miriam Díaz documenta la grave situación de los educadores dominicanos en plena crisis del Sistema Educativo Dominicano y colocó en tela de juicio el futuro del sistema, que en es infausto momento estaba capitaneado por una cohorte de profesores sin las competencias para enfrentar los desafíos de las aulas.

Desde ese tiempo, hemos estado trabajando los temas vinculados con la gestión de las instituciones educativas de la nación, porque la administración de los centros educativos son el lugar en donde debemos colocar nuestro accionar en relación a la mejora de los procesos de reformas que debe vivir la escuela, así como deben ser el lugar preferido para trabajar las innovaciones que han de ser desplegadas en forma integral con los diferentes niveles del sistema.

Debemos poner énfasis en que la Escuela debe ser el origen de los cambios y que estos cambios, deben ser cimentados en cada una de sus aulas.

Desde esa óptica, el propósito fundamental de cualquier gestión sobre el Sistema Educativo Dominicano, debe iniciar procurando directivos eficaces para los centros educativos, los distritos, las regionales y la propia sede ministerial, que comprometan bajo contractualmente, a contribuir en un proceso controlado de mejoramiento de la calidad de la educación, asumiendo un papel de liderazgo académico y administrativo dentro del sistema.

Todo esto, sobre un régimen de consecuencias a los comportamientos de cada uno de los actores que desarrollan procesos académicos, administrativos o de apoyo administrativo, académico y logístico.

En ese proceso, los directivos del sistema tienen que involucrar como árbitros a los empresarios de avanzada y a los padres que hasta ahora han demostrado interés en la mejora de la escuela.

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