Opinión

Planificación y Desarrollo: Índice democrático

La “Revolución de los Claveles” de 1974 en Portugal, derrocó la dictadura salazarista que gobernó esa nación durante 48 años (1926-1974) y marcó el inicio de lo que el profesor de ciencias políticas en la Universidad Harvard Samuel Huntington denominó “la tercera ola de la democratización”, ocurrida entre los años 1990 y 1974. Lisboa, la capital de Portugal, concentró una gran cantidad de militares sublevados contra el régimen, los cuales colocaron en el fusil un clavel en señal de que no querían disparar. Con el triunfo de esta revolución, surge el Estado democrático y de derecho que hoy disfruta esa nación europea.

La “primera ola democrática”, de acuerdo con Huntington, surgió entre los años 1828 y 1926, cuando se introdujo en 29 países de Europa y América el voto universal; y la “segunda ola” aparece entre los años 1943 y 1962, con el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Huntington advirtió que el establecimiento de regímenes democráticos contribuye de manera efectiva con el desarrollo económico y social. Dieciséis años después de la Revolución de los Claveles, esto es, entre 1974 y 1990, una gran cantidad de países de Asia, Latinoamérica y Europa, pasaron de la dictadura a la democracia.

Otro gran académico norteamericano, Larry Jay Diamond, de la Universidad de Stanford, ha publicado una profusa literatura relacionada con la política exterior y la democracia.

En el año 2011, Diamond diseñó un espacio tecnológico entre el Silicon Valley en California y la Plaza Tahrir en El Cairo, capital de Egipto, con la finalidad de contribuir con la movilización de manifestantes hacia la plaza, que dio como resultado el derrocamiento de Hosni Mubarak, quien había gobernado Egipto con mano dura por casi tres décadas.

Diamond indica que, al iniciarse la “tercera ola” de Huntington en 1974, sólo el 30 por ciento de los Estados independientes del mundo (46 países), cumplían con los criterios de la democracia electoral, un sistema en el que los ciudadanos, a través del sufragio universal, pueden elegir y reemplazar a sus líderes en forma regular, libre y justa.

A la fecha, las democracias electorales se han establecido en el 60% de los Estados del mundo, cerca de 115 países, de un total de 192.

La Unidad de Inteligencia de la revista británica “The economist”, mide la calidad de la democracia, a través de un factor denominado “Índice de democracia”, considerando cinco categorías que deben cumplir los países para valorar su índice democrático: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. El índice clasifica, además, la calidad de la democracia de los países conforme a la siguiente puntuación: democracias plenas (8-10 puntos); democracias imperfectas (6- 7.99 puntos); regímenes híbridos (4- 5.99 puntos) y regímenes autoritarios (0-3.99 puntos). En el 2018, el índice refleja que 21 países tienen democracia plena. De estos, 18 están en Europa, uno en Asia y dos en Latinoamérica (Uruguay y Costa Rica). La República Dominicana se ubica en la posición 61, con un índice de 6.54 sobre 10, lo que la ubica dentro de una democracia imperfecta. Acercarnos a Uruguay y Costa Rica, que alcanzaron 10 de 10 y 9.58 de 10 respectivamente, en procesos electorales y pluralismo, debe ser una aspiración de la sociedad dominicana. Se hace necesario respetar las reglas de juego democráticas.

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