Opinión

Pedro Mir resucitado

Oigamos a los fallecidos, ellos no mienten; escuchemos a los muertos que son fidedignos. Honremos a los difuntos que se mantuvieron fieles a los principios en los que creyeron. Desde su féretro, Juan el apóstol nos arenga: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Avivemos la llama inmortal de los cantores a la Patria. Recordemos al tiempo que refrescamos la memoria con la voz siempre viva de nuestro poeta nacional don Pedro Mir. Hoy que la mentira se viste de verdad y lo real se torna virtual vale la pena desempolvar los textos y permitir que nos hable el maestro de las letras perfumadas: “La vida manda que pueble estos caminos y entonces/ sale esta voz de sombras y de raíces/ amargas y mariposas de fiebre/ de esta garganta tupida de raíces/ amargas y de encendidas mariposas de fiebre”.

Excúsame si te interrumpí a ti, Pedro, apóstol criollo, continúas ahora que eres alma en penitencia: “… miles de manos y fuegos/ de millones en un haz;/ de soldados, de labriegos,/ de los que llenan la paz/ de alegría y de esperanza,/ de los que van al taller/ o vienen de la labranza,/ de los que saben leer…/ De aquél que no, pero sabe/ tu lomo herido y tu voz,/ llena de un silencio grave/ y de un agravio precoz,/ del ecuador hasta el polo/ hoy todos luchan por ti./ Te acosa el hambre y el dolo,/ sólo que tú no estás solo/ ¡Domini, no estás solo, no estás solo Domini!”.

Pedro, tensas tus cuerdas vocales porque ahora más que nunca necesito que desde la tumba grites por los cuatro puntos cardinales de la isla tu arenga inmortal tal y como declamaste mil veces en vida: “Si alguien quiere saber cuál es mi patria/ se lo diré algún día/… Cuando todo milagro sea posible/ y ya no sea milagro el de la vida/ Cuando empiece a bajar esta marea de ignominia/ Y el día que estalle/ la libertad suprema y soberana, / procure estar bien cerca y bullicioso/ porque habrá una gran patria, / una grande, inmensa, inmóvil patria para todos/ y no habrá ni un país para estas lágrimas…

Don Pedro, no se me vuelva a dormir, manténgase despierto. Abra su cuenta de twitter, actualice su página de Facebook, llene de imágenes su Instagram y déjenos ver su pericia de bloguero, a fin de que las nuevas generaciones de dominicanos y dominicanas comprendan su lenguaje y no naufraguen en la jerga globalizadora. Vuélvase otro galipote y cabalgue en su brioso Rocinante que seré su escudero, testigo fiel de sus nuevas batallas por el agreste sur, el enajenado este, el Cibao, el norte y la línea noroeste. Resucitaremos a los Juanes, a Gregorio, a Manolo, a Francis y todos y todas las anónimas que dieron su sangre y ofrendaron sus vidas por una República Dominicana en donde el mundo reconozca que: “…gozamos del pan y de la espiga. / Que cada hombre tiene dignidad, / que cada mujer sonrisa. /Que tenemos la patria verdadera/ y ésta también será la patria mía”.

Perdone el haberle despertado, poeta admirado y venerado, pero ya sabe usted que mi oficio es el de hacer hablar a los muertos. Usted tiene la magia de que cuando conversa traduce en palabras el anhelo de ayer, de hoy y del futuro de millones de soñadores duartianos.

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