Opinión

El permanente desafío de la desigualdad

En términos globales, el mundo es hoy más igualitario que hace 40 años. En 1980, Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá, los países del G-7, concentraban el 51% de la producción mundial, medido en paridad de poder de compra; para el 2018, la situación había cambiado de forma tal que la participación del G-7 en la producción mundial cayó al 30%. En cambio, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, países que desde 2003 se conocen con el acrónimo de BRICS, aumentaron su participación en la producción mundial de 17% en 1992 a 32% en 2018, superando en producción a todos los países del G-7 juntos.

En cuanto a la participación en la riqueza mundial, según el Banco Mundial, la de los países de mayores ingresos cayó de 80% en 2000 a 71% en 2014.

Parecido comportamiento se observa con la participación en el ingreso y el consumo, lo que implica que la desigualdad entre los países ha venido disminuyendo a medida que las economías en desarrollo, liderada por China e India, han reducido considerablemente la brecha en producción, en riqueza, en ingresos y en consumo con los países más ricos, proceso que se inició a partir de la década de 1980.

Si bien es cierto que la disminución de la desigualdad entre países es una tendencia global, también es cierto que, al interior de las economías avanzadas, los resultados económicos son cada vez más desiguales. En el caso concreto de las economías del G-7, así como en muchas (pero no en todas) las economías avanzadas, la desigualdad de riqueza e ingresos en general ha aumentado de manera sustancial desde los ochenta.

Un reciente trabajo de Mckinsey Global Institute señala que en los países del G-7, en 1980,el 1% más rico poseía alrededor del 20% de la riqueza nacional total y el 9% del ingreso nacional total; para 2014, el porcentaje de la riqueza total de esas personas subió a 27% de la riqueza total y al 13% de los ingresos totales. Del mismo modo, el 10% más rico aumentó su participación en la riqueza del 53% en 1990 a 60% en 2014 y la proporción del ingreso se incrementó de 35 a 40%.El caso de los Estados Unidos llama la atención. Ente 1980 y 2015, la proporción de riqueza del 1% más rico aumentó de 24.4% a 38.6% y la de ingreso aumentó de 9.45% a 22.0%, evidenciando el incremento de la desigualdad social en ese país.

Es innegable que en las últimas cuatro décadas la desigualdad entre países ha disminuido, pero también la desigualdad al interior de muchos países desarrollados ha aumentado, como se acaba de ver.

La conflictividad social y política que se observa en muchos países desarrollados evidenciado en la polarización política y en el descontento con las instituciones políticas tiene sus raíces en la situación descrita.

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