Opinión

Me venció la violencia callejera

El día martes 3 de enero de 2012 narraba en las páginas de este mismo diario mi primera experiencia amarga de un atraco. Ocurrió al amanecer del sábado 24 de diciembre de 2011 a escasas tres cuadras del hogar en el sector Altos de Arroyo Hondo II del Distrito Nacional. Decía entonces: “ …noté que tres jovenzuelos detenían la moto en que viajaban justamente en la misma acera por donde trotaba en ese momento… De repente percibí las malas intenciones de los muchachos, por lo que decidí tomar la acera opuesta. Fue entonces cuando el de menos edad del trío se bajó del vehículo e inició una tenaz y decidida persecución en contra de mi persona. Intenté devolverme, pero el adolescente me obligó a una lucha cuerpo a cuerpo en medio de la calle. En un instante caí al suelo debajo del jumper de un carro blanco cuyo conductor se vio obligado a frenar para no atropellarme. Durante la refriega escuchaba a uno de los dos restantes ocupantes que quedaron en la motocicleta vocear: no se resista si no quiere que lo matemos. El atacante con un aliento alcohólico, pero equilibrado y con un comportamiento frenético me repetía: “No jodas, entrégame el Ipod o te mato”. Todo transcurrió en menos de 3 minutos, al tiempo que transitaban personas en varios vehículos privados, quienes apenas reducían la marcha, para luego seguir como si nada estuviese sucediendo. Dos vigilantes privados caminaban con su mirada hacia el otro lado como para no ser testigos oculares del percance.

El segundo encuentro callejero amargo sucedió en el año 2015 a menos de 40 metros de la puerta del hogar. Era un domingo tempranito cuando salía con mi fiel compañero canino de una edad similar a la de un humano de cincuenta años. Se detuvo un carro rojo y de la puerta trasera derecha emergió un hombre alto y esbelto, quien pistola en mano me conminó a soltar el perro. Desobedecí la orden y más bien me devolví a casa. Ya en el hogar, tomé un baño, me vestí y fui a la dotación policial a denunciar el hecho. Pero, ¡ah sorpresa! Allí estaban celebrando el fallido intento. Decidí trasladarme al Palacio de la Institución a poner la queja. Al final de la investigación sucedió que nadie vio nada, ni las decenas de cámaras funcionaron.

La tercera es la vencida solía decir mi abuela paterna. Ocurrió la madrugada del domingo 16 de junio de 2019. Me ejercitaba recorriendo la acostumbrada caminata por el perímetro del Jardín Botánico. Mientras pasaba por el frente de la plaza Ecuador, ubicada en la rotonda de Arroyo Hondo, escuché a unos mozalbetes que saludaban: ¡Buenos días, comandante Sarita Valdez! Levanté una mano en signo de respuesta y seguí mi ruta. Dos cuadras más adelante dos jóvenes montados en una motocicleta negra venían a mi encuentro en dirección oeste-este de la avenida svenida Ernesto Vitienes del sector Arroyo Hondo. Quien acompañaba al conductor descendió pistola en mano del motor, apuntándome a la cabeza mientras me registraba el pantalón. Ordenó me desvistiera, en tanto el motorista insistía: “Regístralo bien que debe andar armado”.

He pensado mucho en la abuela, así como en la coyuntura político social, lo que me ha llevado a consultar con doña Prudencia quien recomendó: Zona y horario restringidos; podría ser víctima mortal de un “error de percepción” .

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