Temístocles Montás
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Es muy probable que muchos estén pensando que con el fin de 2019 se termina la segunda década del siglo XXI y que con 2020 se inicia la tercera. Otros, respaldados por la Real Academia Española (RAE), consideran que la nueva década empezará en 2021, no este año, en atención al criterio del Diccionario Panhispánico de Dudas, que establece que cada década comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0, algo que hace muchos años explicó el profesor Juan Bosch.
Al margen de si el 2020 es o no el inicio de una nueva década, lo cierto es que a nivel mundial nos enfrentamos a una situación repleta de incertidumbre donde resulta difícil hacer cualquier pronóstico futuro. Hace unos años, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman acuñó el concepto de “modernidad líquida” para explicar cómo la sociedad mundial ha evolucionado desde un comportamiento previsible y perdurable, hacia otro muy diferente, caracterizado por la flexibilidad, la fugacidad, lo impredecible. Se trata de una sociedad sin valores demasiados sólidos, en donde la falta de seguridad, de confianza o de certeza, debido a la velocidad de los cambios, ha producido un debilitamiento de los vínculos de los seres humanos. Esto produce ansiedad y desasosiego e induce a mucha gente a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Sin embargo, cabe indicar que la humanidad nunca había vivido tan bien como ahora. Nunca había existido tanta riqueza y expectativa de vida como ahora. Hoy, el mundo produce 20 veces lo que se producía a principios del siglo XX. Al iniciarse el siglo XX, la esperanza de vida a nivel mundial era 38 años; en la actualidad supera los 70 años. Al comenzar el siglo pasado cerca del 70% de la población vivía en pobreza extrema (con menos de 1.90 dólares diarios); hoy la proporción está por debajo del 15%.
Lo señalado no niega que esos logros se han producido a costa de someter el planeta a grandes presiones que están alterando el clima. No niega tampoco la persistencia de una violencia estructural en el mundo que se manifiesta en el aumento del número de personas que huyen de sus países como una manera de hacer frente a la opresión y la violación de los derechos humanos.
Sin embargo, es innegable que nunca como ahora ha habido más conciencia de la necesidad de enfrentar el cambio climático, proteger los derechos humanos básicos de todas las personas que integran la sociedad y enfrentar las desigualdades sociales
La falta de certeza en la que hoy vivimos tiene su origen en el capitalismo desbocado de los últimos cuarenta años, animado por las transformaciones producidas por la emergencia de las nuevas tecnologías. Es un mundo que todavía no entendemos bien, pero si de algo estoy seguro es que tenemos que aprender a vivir en él y a dirigirlo.
Por lo tanto, iniciemos el 2020con optimismo.