Por: Héctor Olivo | “Cuando uno pierde de vista al enemigo comienza a pelearse con el compañero”, la frase se atribuye al Comandante Fidel Castro, puesta en vigencia por dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana, a propósito del debate postelectoral, que domina la agenda del PLD.
Creo que en gran parte del PLD se ha perdido de vista al enemigo o más bien al adversario enquistado en el Gobierno desde donde se ha orquestado una brutal embestida contra el partido, como institución y contra sus dirigentes en particular.
El objetivo del PRM desde el Gobierno, con la complicidad de un sector opositor: “Destruir al PLD”, para lo cual recurrió a infinidades de argucias para restar simpatía y adhesión al peledeismo.
Una ofensiva brutal que inició poniendo en práctica todas las aristas del lawfare, es decir la mediatización y la judicialización de la política.
Apresamientos aparatosos, filtración a los medios de comunicación de las acusaciones prefabricadas, expedientes abultados, presiones a los jueces, alianzas con medios de comunicación y reclutamiento de las llamadas bocinas para desacreditar al contrario.
Noticias contrarias al PLD generaron en lo inmediato manifestaciones de indignación en las redes sociales por los llamados bots.
Posterior a ello se sumaron los grupos políticos o personalidades que, pescando en río revuelto, se presentaron como nobles e indignados; ante eso el PLD debió responder con mayor contundencia, no solo reclamando el respeto al debido proceso, como se repetía como una gallareta.
Al lawfare le continuó la limitación de los recursos, la declaratoria de mayoría a otras fuerzas políticas y las constantes burlas y acosos desde el gobierno hasta el extremo de lanzar veintenas de bombas lacrimógenas a la sede nacional del PLD para dispersar una marcha pacífica hacia el Palacio de Justicia, distante solo algunas cuadras de la sede morada.
Cada vez que el PLD tiene una actividad, decenas de agentes de inteligencia llegan hasta su local, usurpando las funciones de comunicadores o de dolientes de la organización.
El grado tal de ofensas y ataques al PLD se vivió en los procesos electorales con el uso abusivo de los recursos públicos en campaña, la compra de dirigentes y la manipulación al ciudadano, hasta el extremo de comprar unas elecciones.
Con un historial tan amplio es un contrasentido que toda la culpa de que el PLD no haya sido favorecido con el voto popular recaiga solo en sus candidatos o dirigencia. Se perdió de vista las acciones del Gobierno y su partido, para pelear entonces, con la dirigencia del PLD.