Editorial

Una buena señal para el cambio de rumbo

Con una dilatada tradición de denuncia y solidaridad en su haber, la Iglesia católica dominicana v olvió a tronar en el Sermón de las Siete Palabras desde la Catedral Primada de América en una acertada reflexión social que envía un claro mensaje a los gobernantes para el cambio de rumbo en la cosa pública.

Curas y laicos reflexionaron sobre el deterioro del sistema de salud, la justicia, la desprotección ciudadana, los feminicidios y los daños al medio ambiente, entre otros aspectos.

Interpretando el sentimiento popular de los religiosos, desde el templo simbólico, fueron precisos al aplicar a la realidad dominicana las frases de Jesús en la cruz antes de morir, en una prédica sencilla con la que se pasó inventario a males que nos aquejan como nación.

La Iglesia católica se pronunció sobre el pesar de la sociedad ante males como la delincuencia, la violencia y la inseguridad ciudadana que crecen sin control y se “expanden como mancha de aceite”.

El daño al medio ambiente no le fue ajeno a la prédica, sintonizando así con la preocupación universal del calentamiento global, la depredación de bosques y ríos y altos niveles de contaminación.

Las precariedades del sistema sanitario se enumeraron, citando las infraestructuras hospitalarias en mal estado, falta de avance en la implementación de la atención primaria, preguntando directamente al Gobierno ¿por qué el 911 no funciona como antes?

En la tradicional reflexión de Semana Santa se denuncia la inseguridad vial en calles, avenidas y carreteras del país, el deterioro del sistema de justicia, un sistema penitenciario en su peor momento.

En el sermón se hizo un llamado a reconocer que la pasión de Cristo no terminó en el Calvario, sino que se prolonga en cada persona marginada, hambrienta, violentada y olvidada por la sociedad.

En la reflexión sobre el último ruego de Jesús en la cruz, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, la Iglesia pidió por el cese de la violencia y la disminución de los feminicidios.

Aleccionados por los reiterados incumplimientos de las autoridades, nos sumamos a la preocupación de la Iglesia católica dominicana y esperamos que los gobernantes hayan prestado atención a estas preocupaciones, que vienen del alma de un pueblo que sufre y que espera se cambie –para usar una palabra de sello oficialista– el mal rumbo que lleva el país. Nuestra Iglesia habló, y lo hizo de manera clara y directa, las autoridades tienen ahora la palabra y sobre todo la oportunidad de responder con hechos, no con anuncios.

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