Opinión

Los problemas del mesianismo en el ejercicio de la política

Construir una verdadera democracia en la República Dominicana pasa por lograr desarrollar una cultura en todos los dominicanos cimentada en el criterio de que en el ejercicio de la política no hay hombres providenciales y de que hay que aceptar que lo verdaderamente importante son las instituciones, no los liderazgos mesiánicos. Alguien señalaba que en muchos casos esos liderazgos terminan confundiendo la democracia con la idea de que el Estado soy yo. De manera, que los líderes políticos que así actúan se convierten en un obstáculo al desarrollo de una cultura democrática en nuestro país.

La democracia tiene que ser una construcción colectiva en la que participe toda la sociedad, no el producto de un iluminado de los cielos. No entender esto es hacerle el juego a personalismos que se consideran por encima del bien y del mal, que no aceptan que comenten errores. Hemos visto como la historia está llena de casos de dirigentes políticos que al lograr cierta nombradía llegan a considerarse imprescindibles e insustituibles y terminan considerando que sus éxitos son productos de un designio celestial y no del trabajo de miles y miles de personas.

Durante años y años, la lucha del pueblo dominicano ha sido por construir una democracia sustentada en instituciones y si no hemos logrado avanzar en forma importante ha sido por el predominio de políticos que han llegado a creerse predestinados a ejercer el poder de forma indefinida. Son los mesías, conocidos por todos, que han impedido hasta ahora la construcción de una democracia sustentadas en las instituciones.

Por lo expresado, resulta claro que los lideres mesiánicos, en el ejercicio de la política, resultan dañinos para el desarrollo democrático. Por considerarse imprescindibles e insustituibles este tipo de liderazgo político no entiende cuando tiene que ceder el paso y no se da cuenta en qué momento, para la organización en que milita es mas parte del problema que de la solución. Felipe González, en su libro “En busca de respuestas. El liderazgo en tiempo de crisis”, sostiene que cuando se llega a esa situación, se necesita que otros le adviertan o le pidan que ceda el paso al relevo necesario. Pero la experiencia demuestra, que los líderes mesiánicos no ceden en sus pretensiones de ser o seguir siendo el centro de la política de un país. Ellos están por encima de todo y ese comportamiento es el que explica muchos de los saltos traumáticos que se producen en las organizaciones políticas que tienen que hacer frente a ese tipo de liderazgo.

La reciente experiencia vivida en el Partido de la Liberación Dominicana tiene que servir de base para institucionalizar un mecanismo en virtud del cual se establezcan limitaciones a las pretensiones de cualquier dirigente de colocarse por encima de los demás, que facilite la necesaria renovación de líderes y que evite la posibilidad de que alguien de nuevo se llegue a creer un mesías.

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