Editorial

Seamos precavidos y responsables

El virus que causa episodios febriles, irritación de la piel, dolores en las articulaciones y náuseas, entre otros trastornos, signos y síntomas que la ciencia médica tipifica como la fiebre de chikungunya ya hizo presencia en nuestro país. Eso quiere decir que estamos obligados a redoblar los esfuerzos para prevenir que el mosquito que lo transmite (Aedes aegypti), el mismo del dengue, propague el mal hasta romper la barrera del brote y nos coloque en situación de epidemia.

No se trata de levantar mayor alarma, pero sí de colocar en la conciencia de cada ciudadano la responsabilidad que todos tenemos de colocarnos al lado de las autoridades de salud para enfrentar este virus que supera los seis mil casos en el Caribe y que en nuestro país ha sido diagnosticado en 767 personas, la mayoría de las cuales residen en la provincia San Cristóbal, concentrados mayormente en el municipio de Nigua.

Las autoridades vienen desarrollando una vital campaña de prevención ante los efectos del virus de la fiebre chikungunya, que como tiene el mismo factor de transmisión del dengue, al que hemos venido enfrentando a partir de esas recomendaciones, deberían recibir un responsable respaldo de la población, pues a final de cuentas, de lo que se trata es de preservarnos de enfermedades, no importa su nivel o consideración o de nombre exótico.

La sabiduría de nuestro pueblo lo ha llevado a plantear en su refranero o en el de otros pueblos, niveles de autocrítica que bien merecen la pena resaltar ante este y otros casos de males o enfermedades que pueden y deben ser enfrentados a partir de la prevención.

Si nos dicen que evitemos los envases con agua acumulada al aire libre. Que retiremos neumáticos, latas, tanques, floreros, botellas o cualquier tipo de recipiente que pueda servir de criadero al dañino zancudo. Y que utilicemos cloro para limpiar los envases para almacenar el agua para el consumo. Sería lamentable y desafortunado para nuestras propias familias no hacerlo.

Aunque se nos pueda decir que compramos candados después que nos roban, hagamos el esfuerzo de colaborar con las autoridades para detener el brote del virus generador de un estado de postración y enfermedad. Recordemos siempre que «más vale precaver, que tener que lamentar” o aquello muy común entre nosotros de “cloro untao y tanque tapao”

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