Julio Ortega Tous
Un nuevo Califato ha surgido. El Califato de Bruselas. Pero es un Califato delegado, porque su sede real está en Berlín, en Frankfurt y en Washington. Es un estado que aplica la Charia del siglo VIII, reescrita en los manuales del Fondo Monetario Internacional, y el fundamentalismo extremo neoliberal de las Califas Ángela Merkel y Cristine Lagarde (FMI), acompañado del mulá del Eurogrupo Dijsselbloem y el Ayatola Draghi del BCE.
Últimamente se han publicitado las atrocidades cometidas por ese engendro de Occidente llamado inicialmente ISIS en inglés o Daesh en árabe (Estado Islámico de Iraq y Siria). El Califa del Daesh, autoproclamado redentor de los musulmanes, es Abu Bakr al-Bagdadí, un producto directo de la invasión por parte de los Estados Unidos de América y sus seguidores a Iraq en 2003.
Al-Bagdadí tiene un doctorado en estudios islámicos por la Universidad de Bagdad y empezó a interesarse por la yihad tras la invasión norteamericana de 2003. Bagdadí, que nació en Samara en 1971, se unió a la insurgencia contra la invasión estadounidense en 2003 que derrocó al régimen Saddam Hussein.
En 2004, estuvo detenido once meses por las fuerzas estadounidenses en el centro de concentración de Camp Bucca. Allí estableció relaciones con ex generales del régimen de Saddam Hussein, que en la actualidad dirigen las milicias del Estado Islámico. En diciembre de 2004, fue liberado por una Junta de Revisión y Publicación.
Con el derrumbe del Estado en Siria, propiciado por Occidente nueva vez, producto de la guerra civil que estalló en 2011 como parte de la llamada “primavera árabe” surge el llamado ISIS. La confluencia de fuerzas extremistas islámicas afiliadas a Al Qaeda y la llamada “oposición moderada” siria, permitió al grupo de Al-Bagdadí, inicialmente llamado ISIS o Daesh y actualmente autoproclamado Estado Islámico, imponer el terror en el norte de Siria y una amplia franja de centro-norte de Iraq.
Los fusilamientos masivos, las decapitaciones de periodistas, las matanzas de otros musulmanes no suníes, u otras religiones minoritarias en el Kurdistán iraquí y últimamente los atentados terroristas en Francia, en Túnez, en Kuwait y otros territorios le han dado una gran notoriedad al Califato.
Pero últimamente se ha desarrollado otro Califato, tan letal como el de Al-Bagdadí. Es el que llamamos el Califato de Bruselas, que ha impuesto terror y muerte en los países de Europa del Sur. La primera y más visible víctima es el pueblo griego. La nueva Charia del Califato dirigido por Ángela Merkel, en alianza con Jean Claude Juncker, Cristine Lagarde, y los gobiernos del Eurogrupo, consiste en imponer a sangre y fuego políticas que llevan hambre, pobreza y muchos suicidios en los países más castigados.
El pobre estado de Grecia, madre de la democracia y la cultura occidental, asediada por la implacable bota alemana desde la II Guerra Mundial, saqueada en el siglo XIX y XX por el Imperio Otomano, por el Imperio Británico, por Francia y por Estados Unidos, antes y después de la ocupación nazi que saqueó literalmente Grecia y nunca se compensó, además de dejar más de 300 mil muertos, y que ahora tiene una nueva cara a través del Califato de Bruselas, la deuda ilegal robada en contubernio con los oligarcas griegos y los banqueros alemanes, franceses e ingleses, entre otros, tiene que enfrentarse a la dictadura del charia del Euro, los ajustes neoliberales que por más de 5 años, socialdemócratas y conservadores griegos aceptaron desde la capital del Califato.
Pero resulta que el pueblo griego eligió un gobierno nuevo. En enero de 2015 la Coalición de Izquierda Radical, en griego llamada SYRIZA, ganó las elecciones y constituyó gobierno ese mismo mes con Alexis Tsipras, líder de la coalición, como Primer Ministro. Sin haberse posesionado el gobierno de Syriza, el Ayatolá del Banco Central Europeo, Mario Draghi, cortó todo financiamiento al gobierno griego.
Tsipras fue electo en base a una plataforma contra las políticas que han llevado a la economía griega a colapsar: 5 años con crecimiento negativo y aumento de 150% de la deuda pública. Caída brutal del nivel de vida, recorte de pensiones, salarios, servicios públicos, austeridad en toda regla y suicidios masivos de ciudadanos que se niegan a buscar comida en los basureros.
El llamado Eurogrupo, es decir el grupo de países del Califato de la Unión Europea que forman parte de la moneda común, 19 de los 27 estados miembros, iniciaron desde el día mismo de la instalación del gobierno de Syriza un acoso para desconocer la voluntad del pueblo griego. El Califato dirigido por la Alemania de Ángela Merkel y con el silencio de las provincias del Califato de Francia e Italia, dirigidas por supuestos gobiernos socialdemócratas, y la agresiva política de la Califa Merkel y sus socios de Portugal, España, y los países del norte de Europa miembros del Euro (Finlandia, Polonia, Holanda, Bélgica, entre otros) llevaron a un impasse a Tsipras cuando se creyó tener una base para un acuerdo.
Por esa razón, el pasado sábado 27 de junio, Tsipras dejó en manos del pueblo griego aceptar o no las condiciones draconianas que quiere imponer Merkel y sus delegados. Lo hizo llamando a un referéndum, que por curiosidad, la prensa europea conservadora y socialdemócrata han llamado “anti-democrático” . ¿Cómo puede ser una consulta al pueblo una acción anti-democrática? Las consecuencias del querer aplastar a Grecia por la charia neoliberal pueden ser impredecibles. La estabilidad del euro y las reglas “democráticas” de la Unión Europea están en peligro. Si se impone la charia contra Grecia, todos los pueblos del sur de Europa sufrirán y hasta la misma UE puede verse en peligro.