El pueblo dominicano despidió el pasado miércoles al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, luego de concluir una visita al país como parte de un periplo que primero le llevó a la vecina Haití.
Las autoridades nacionales, fieles a la amabilidad y la calidez que caracterizan a nuestro pueblo, y en apego a las normas diplomáticas, ofrecieron sus mejores galas ante el distinguido visitante.
El señor Ban Ki-Mon escuchó del presidente Danilo Medina importantes detalles de los esfuerzos que con todo esmero realiza el país, en procura de mejorar la calidad de vida en nuestra nación, a través de programas a favor de la educación, la salud y la alimentación, entre otros.
Y el Presidente Danilo Medina, como la población, escuchó con atención y respeto las inquietudes y sugerencias expuestas por el influyente funcionario, aún aquellas que pudieran correr el riesgo de traspasar los límites del derecho que le asiste a una nación soberana como la nuestra.
No obstante, la presencia del secretario general de la ONU siempre será motivo de beneplácito para una nación que como la nuestra forma parte de ese importante organismo que tiene en la preservación de los derechos humanos su principal eje, vocación y sentido.
Tras la salida del distinguido visitante, el país retoma su agenda cotidiana cargada de expectativas y metas, sobre las cuales debemos enfocarnos todos.
Y lo propio debe decirse del señor Ban Ki-Mon, a quien le aguarda una no menos pesada agenda en la que destacan situaciones tan dolorosas como los graves conflictos que siguen afectando la franja de Gaza, con continuos bombardeos que en la presente jornada arroja 220 víctimas mortales, la mayoría civiles que incluyen niños, mujeres y ancianos.
Y a esto se agregan las tensiones y vicisitudes de centenares de niños centroamericanos indocumentados que comienzan a ser expulsados de territorio estadounidense por violar las leyes migratorias de esa nación.
Como el gravoso y prolongado proceso de hambruna y epidemias que lacera a millones de personas en el mundo, fruto de una creciente desigualdad a la que está obligada prestarle toda su atención la ONU.
En fin. Hay razones para sentirnos satisfechos por la visita del distinguido visitante, a quien dimos muestras de nuestra condición de nación sensible ante el drama de la desigualdad. Y a quien le deseamos la mejor de la suerte frente a los pesados compromisos que tiene en carpeta.