Daris Javier Cuevas
Cuando se trata de invocar la institucionalidad, el respeto a las leyes y reglas de juego en un país, para medir su grado de fortaleza a las normas establecidas, esto sugiere invocar el enfoque del pensador político y filósofo más ilustrado que trascendió a su época y que la historia nos ha permitido conocer sus ideas acerca de lo que se denomina la separación de los poderes, así como el concepto de la limitación de estos. Se trata en consecuencia de un referente llamado el Barón de Montesquieu y que su obra gravita en el pensamiento político y económico, desde 1748, conocida como “El espíritu de las leyes”. A los economistas Adam Smith y David Ricardo se les atribuye el haber asumido los enfoques de Montesquieu para incorporarlos a la interpretación de los beneficios derivados del comercio internacional desde las perspectivas de la ventaja absoluta y la ventaja comparativa al reconocer que el comercio está ligado a la constitución. Entre estos grandes pensadores existe un denominador común para alcanzar esa prosperidad y es la existencia de un gobierno moderado para alcanzar la libertad y es aquí donde se invocan los planteamientos sesudos de Montesquieu en el sentido de la necesidad de frenos y contrapesos al poder político que sugiere la idea moderna de la democracia constitucional, la cual es necesario para el pluralismo que conduce a la libertad política y progreso económico, bajo el respeto al orden constitucional establecido. Partiendo de esta concepción es que se entiende mejor la aparición del libro “¿Por qué fracasan los países?: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”. Texto escrito por los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson, ambos académicos de las universidades del MIT y de Harvard, de USA, respectivamente, en el cual muestran su preocupación sobre hacia donde nos conducen los órdenes políticos y económicos vigentes en un contexto de pluralidad e inclusivo, partiendo de una interpretación objetiva de la historia económica mundial, en una investigación de más de 15 años condensada en más de 600 páginas que colocan a cualquier lector en un fascinante contexto de preguntas con respuestas dolorosas que nos convencen del déficit democrático y alteración del orden de la convivencia e irrespeto sistemático que perturban al mundo y la igualdad de oportunidades.
En su libro, los economistas Acemoglu y Robinson hacen un recuento histórico de cómo varias de las naciones modernas iniciaron sus procesos de transformación y en el cual argumentan el origen del progreso y de la pobreza de las naciones, llegando a la conclusión de que la raíz del subdesarrollo radica en la naturaleza de las instituciones tanto políticas como económicas, así como a quienes estas sirvan, y que la fase del subdesarrollo tiene una alta explicación en el irrespeto y violación a las leyes y a la constitución. Para demostrar esto plantean que la gran cantidad de países que se encuentran en el atraso, la miseria y debilidades institucional han transitado por dictaduras, reformas constitucionales atropellantes y corrupción administrativa incontrolable.
Los autores reconocen la existencia de dos tipos de instituciones, por un lado están las que originan el desarrollo sostenible a las que denominan inclusivas, que es un motor de la prosperidad, allanando el camino a la innovación tecnológica y a la educación, y las otras que estrangulan cualquier potencial productivo a las que llaman extractivas en virtud que funcionan extrayendo recursos de la economía. En el caso del segundo tipo de instituciones sucede que “los que tienen el poder político y económico estructuran las instituciones para garantizar la continuidad de su poder”, Esta élite tiene como objetivo primario beneficiarse y enriquecerse de manera inescrupulosa.
Es en tal virtud que se imponen sobre la base de la corrupción utilizando los recursos del Estado y destruyendo los estamentos institucionales y es donde entienden que “los países fracasan hoy en día, por tanto, sus instituciones no crean el ambiente necesario para que haya un marco de respeto a las leyes, se invierta y se innove”. Es por tales razones que las extractivas solo benefician a las élites y la población está excluida de la toma de decisiones y no hay respeto a la propiedad privada, por lo que una parte de la sociedad se beneficia a costa de la otra y el poder se concentra en una élite reducida que enfrenta pocas restricciones a su accionar. A esto el profesor de economía política, Oxford University, Nail Ferguson lo denomina degeneración.
Los profesores Acemoglu y Robinson sostienen que los gobiernos democráticamente elegidos en muchos países se ven tentados actuar sin restricciones y violentar los estamentos legales sin tener sentido de la historia y el tiempo, pero que han enfrentado sus límites legales con la existencia de la Corte constitucional cuando han intentado imponerse, situación que se ha puesto de manifiesto en Colombia con Uribe y en Argentina con Menen. Por esta razón, entienden que la clave es cómo los líderes políticos interpretan el funcionamiento del mundo y aquellos que tienen poder en los países pobres no se equivocan por error sino a propósito, ya que toman decisiones que crean pobreza. y esto es parte del fracaso de los países.