Opinión

¡La rebelión de los haitianos!

Nadie en su sano juicio podía pensar que desde el gobierno haitiano se desataría, con el apoyo irresponsable de la comunidad internacional, una diabólica rebelión contra el Estado dominicano.

Y esta rebelión de la ingratitud, del descaro y de la irresponsabilidad se agigantó a partir de la sentencia No. 168-13 emitida por el Tribunal Constitucional dominicano, en la que se ratifica todo lo relativo a la nacionalidad en cuanto a los inmigrantes indocumentados y los hijos de éstos nacidos en suelo dominicano, dado el hecho de que en República Dominicano tenemos un jus soli (o ius soli) limitado.

Pero esta conjura de Haití y de la comunidad internacional contra el Estado dominicano y sus fundamentos jurídicos, constitucionales y legales encontró un resquicio en la debilidad presidencial dominicana, cuando en medio de la polvareda y del fulgor del debate que desató la sentencia del Tribunal Constitucional nuestro Presidente exclamó a los cuatro vientos que le entristecía profundamente el terrible drama humano que estaban viviendo los hijos de haitianos indocumentados que no existían civilmente y ni siquiera podían estudiar por falta del acta de nacimiento, y así les fueron abiertas las puertas del Palacio Nacional a los hijos de haitianos indocumentados nacidos aquí.

Sustituir la razón por los sentimientos, y hacerlo públicamente, frente a un enemigo disfrazado como es el gobierno de Haití, que es al mismo tiempo un enemigo indómito, salvaje y terriblemente inconsecuente e indigno, fue un grave error, el cual le ha servido de lomo o de pivote al gobierno de Haití para emprender con mayor virulencia su brutal e irracional conjura contra la República Dominicana.

Ese sentimiento pudo haberse expresado en acciones públicas para regularizar esa situación migratoria irregular, como al efecto se hizo, pero nunca debió haberse dicho desde el Palacio Presidencial lo que se dijo.

Así también en el campo internacional, específicamente en el campo de la diplomacia o de la guerra diplomática, la comunidad internacional y Haití ( o Haití y la comunidad internacional) nos fueron acorralando, frente a la pasividad o la indefensión del gobierno dominicano, en esta conjura o rebelión contra la soberanía del Estado dominicano, con la que se han estado violando flagrantemente los principios de autodeterminación y de no intervención de los Estados.

Y todos sabemos que Haití ni es un Estado fuerte ni cuenta con la razón, pero cuenta con la complicidad y el poder de la muy irresponsable comunidad internacional, sobre todo cuenta con el apoyo de los imperios de la tierra, porque ambos, tanto la comunidad internacional como el gobierno haitiano, quieren que la República Dominicana cargue con el enorme costo de su irresponsabilidad política e histórica.

Frente a esta descomunal conjura o rebelión de Haití y de la comunidad internacional contra el Estado dominicano, la prudencia o el silencio aterrador del gobierno dominicano, que se tradujeron en debilidad, fueron realmente inexcusables.

Porque no puede haber excusa de ningún tipo para defender con gallardía, vergüenza e inteligencia, en el terreno que sea, la soberanía y la dignidad de la nación y del pueblo dominicano.

Y es que en realidad ni estábamos preparados ni nos preparamos para enfrentar con éxito esta guerra diplomática que ha tenido diferentes etapas con la que se busca expresamente doblegar a la República Dominicana.

La que estamos viviendo es una intervención grosera y bestial – sin militares ni policías- de las potencias, que se disfrazan y se ocultan en la comunidad internacional, contra la soberanía, la institucionalidad y la dignidad del Estado y de la República Dominicana.

Ésta es la primera intervención de ese tipo, pero es la tercera intervención grosera y brutal, esta vez de varias de las potencias capitalistas, en los asuntos internos que sufre la República Dominicana en el lapso de un siglo.

Frente a esa guerra total que le han declarado la comunidad internacional y Haití a la República Dominicana tenemos que actuar con la inteligencia de David frente a Goliat, por lo que tenemos que redefinir elementos de nuestra estrategia en el campo de las relaciones internacionales y pasar hábilmente a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con China Continental y pasar a fortalecer nuestras relaciones con Rusia y los demás polos que actúan como la contraparte de Estados Unidos y de las potencias europeas en el mundo.

Pero ello implica que los mejores recursos humanos del país sean incorporados al servicio exterior dominicano, para poder llevar a cabo una verdadera innovación o revolución en las estructuras del servicio exterior comenzando por la Cancillería.

Pero la verdadera rebelión del pueblo haitiano debe ser contra su gobierno, contra la clase dominante en Haití y contra la comunidad internacional. Contra su gobierno, porque ese gobierno de Michel Martelly, un gobierno totalmente corrupto, no lo representa, no le resuelve ninguno de sus problemas, si lo discrimina, lo excluye, lo usa y lo esclaviza y no quiere que los haitianos habiten y vivan en su propio territorio.

Los gobiernos de Haití y la clase dominante de ese país al negarle al pueblo haitiano los más elementales derechos, le han decretado y lo han sumergido de por vida en una espantosa y horrorosa crisis humanitaria.

Es en las estructuras de la sociedad, en el modus vivendi y prácticas de la élite económica y de la élite política y en la ausencia de políticas públicas correctas, dando todas ellas cuenta de que el pueblo haitiano ha sido sometido a un abrupto, total y sempiterno abandono, están los orígenes y la evolución de la pavorosa crisis humanitaria en que ha vivido su población de por vida.

La comunidad internacional, sobre todo Estados Unidos y Francia, expoliaron y desangraron históricamente a Haití y hoy se envuelven en el manto de la indiferencia frente al terrible drama del pueblo haitiano. Ellos que tienen una tremenda y pesada deuda histórica con esa nación no han hecho nada para pagarle parte de esa deuda al eternamente sufrido y mancillado pueblo haitiano.

Esa descomunal crisis humanitaria en que siempre ha vivido el pueblo haitiano ha conmovido siempre al pueblo dominicano, a tal punto que ha sido la República Dominicana la que ha asumido estoicamente, dada la indolente indeferencia total de la comunidad internacional, la mayor parte del costo de esa verdadera crisis humanitaria.

Crisis humanitaria en cuya generación la República Dominicana no ha tenido ninguna responsabilidad.

Está claro entonces que la crisis humanitaria haitiana no se genera por factores o causas que no han sucedido: no ha habido deportaciones masivas ni mucho menos ha habido deportaciones de desnacionalizados. Aparte de que no ha habido ni hay desnacionalizados porque no ha habido ni hay apatridia.

Ahora, en pleno ejercicio de su soberanía la República Dominicana tiene derecho a tener una política migratoria propia, a ejecutarla y a definir y aplicar sola, es decir, en ejercicio de esa soberanía también, un plan de repatriación de todos los extranjeros que estén indocumentados, sean haitianos o no. Naturalmente, que esto se hará en el marco del Estado de derecho que nos rige.

Así como David venció a Goliat, la República Dominicana saldrá victoriosa de esa maldita, macabra, perversa y mentirosa conjura de la comunidad internacional y de Haití contra la indoblegable e innegociable soberanía del Estado dominicano.

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