Grecia, envuelta en una crisis económica y financiera sin precedentes en su dilatada historia, acaba de pasar por la experiencia de un apretado referéndum en el que el pueblo ha dicho no a la política de manejo de la crisis de la deuda soberana que se ha estado aplicando en los últimos años.
Lo paradójico de todo esto es que el gobierno de Alexis Tsipras apostó al NO, trabajó enérgicamente para que triunfara el NO, y sin embargo el gobierno ha estado actuando en dirección totalmente contraria al NO.
En el referéndum el pueblo abrazó firmemente el NO, es decir, votó en contra de la política de severa austeridad que vive Grecia y de que se firmara un nuevo acuerdo de rescate en las condiciones impuestas por los centros financieros europeos y el FMI, la llamada troika, o mejor dicho en las condiciones impuestas por las potencias que tutelan la Unión Europea: Alemania y Francia.
Entonces los mecanismos y procedimientos contemplados por la constitución de ese país para que el pueblo pueda ejercer libremente su soberanía no cuentan.
¿De qué democracia política estamos hablando? ¿De qué valió y para qué sirvió que el pueblo expresara su voluntad en el referendo? Absolutamente para nada.
Con ese proceder el gobierno griego le ha propinado un duro golpe a la democracia política en ese país y ha puesto en ascuas la validez y la utilidad de la democracia.
Y naturalmente que esa desaprobación unipersonal y unilateral del NO ha desencadenado una crisis política en Grecia.
Lo cierto es que tanto en Grecia como en los demás países de Europa, donde la crisis de la deuda pública y de los déficits fiscales hizo grandes estragos, no han manejado correctamente esa explosiva y tóxica crisis de la deuda soberana.
El manejo de la crisis de la deuda soberana ha sido tan infructuoso que Grecia tuvo que cerrar temporalmente el proceso de intermediación financiera y bursátil y colocarse en una situación de real cesación en el pago de sus compromisos u obligaciones como nación deudora.
El gobierno de Grecia, contrariamente a lo que decidió el pueblo en el referendo, acaba de firmar un nuevo programa de rescate con la Eurozona bajo las mismas condicionalidades.
Y bajo esas condicionalidades que imponen la austeridad como norma e imperativo de la política económica no hay manera de que Grecia despegue de manera ostensible, sostenida y sólida por la senda del crecimiento económico.
Entonces Grecia seguirá atada y envuelta en el círculo vicioso del crecimiento de los déficits y de la deuda pública. Seguirá reproduciendo el círculo vicioso del endeudamiento, el cual continuará creciendo geométricamente y en espiral.
Y seguirá irremisiblemente enredada en la madeja de ese círculo vicioso porque la astronómica deuda soberana de Grecia, calculada en 320 mil millones de euros, supera con creces su actual producto interno bruto nominal. Si hay una asimetría tan grande entre la deuda soberana y el PIB nominal, imagínense la brecha abismal que hay entre esa misma deuda soberana y el PIB real. Ese círculo vicioso se reproducirá a escala ampliada si se siguen políticas económicas basadas en la austerización del gasto público.
La salida tiene que ser, por el contrario, la de aplicar una política económica de demanda agregada, monetaria y fiscal, y de oferta agregada (comercial, industrial, agrícola y tecnológica) que descanse en crear estímulos al crecimiento económico.
Obviamente que el hecho de aplicar políticas económicas de estímulo al crecimiento no es incompatible con tomar medidas de disciplina fiscal que vayan en la línea de racionalizar el gasto público y de aplicar una serie de medidas por el lado de los ingresos y del gasto que vayan en esa misma dirección de racionalizar y hacer más efectivo el gasto desde el punto de vista de la rentabilidad social.
Para crecer Grecia tendrá que explotar con inteligencia los amplios ámbitos del producto potencial que existen en cualquier economía, sobre todo en la economía capitalista.
Todo lo anterior precisa que se articule una alianza estratégica con el sector empresarial privado y con los sindicatos. Esta alianza estratégica para crecer y salir de la crisis tiene que ser consensuada con la sociedad civil y con los partidos políticos.
A mediano y largo plazo solo es posible salir de la ruta del endeudamiento creciendo mucho y de manera sostenida en el tiempo.
Crecer de manera significativa y sostenida en el tiempo es la única vía que Grecia tiene para mejorar su capacidad de pago, y así podrá ir disminuyendo el monto de la deuda, y naturalmente, que esto pasa por el mejoramiento de las condiciones de calificación y clasificación de los títulos representativos de la deuda pública frente a inversionistas institucionales e individuales, nacionales y extranjeros, lo que se traducirá en una reducción de las tasas de interés y de la prima de riesgo de los títulos.
Pero esa política económica basada en la austerización, impuesta por las potencias de Europa, conspira contra la salud del sistema económico, monetario y financiero de la Unión Europea y contra la misma salud y estabilidad del euro, dada la interconexión y las interrelaciones dinámicas entre las economías nacionales de Europa en general y de la Unión Europea en particular. Y esto a su vez puede generar efectos negativos en el sistema económico y financiero mundial en el contexto de la globalización.
Los recursos financieros, que son necesarios e indispensables, deberían utilizarse para financiar el crecimiento, por lo que Grecia no debe decir no a programas de rescate pero sin la condicionante de la austeridad.
Y las mismas potencias de Europa y el mismo FMI deben entender que la condicionante en el mundo de hoy para salir de una crisis de esa naturaleza debe ser la de crear estímulos al crecimiento con los diferentes brazos, instrumentos y mecanismos de la política económica.
Aunque la posición del FMI, que es parte de la troika europea- comisión europea, banco central europeo y FMI-, es contradictoria, porque en otras latitudes ha favorecido que se apliquen medidas de estímulo al crecimiento económico.
Grecia, por el camino de la austeridad, la que implica grandes y nuevas privaciones y sacrificios para la población griega (nuevos recortes de las pensiones, aumento de impuestos, entre ellos el IVA, etc.) y la dantesca reducción de de sus condiciones de vida y de bienestar nuevamente, fracasará estrepitosamente otra vez.