Daris Javier Cuevas
La literatura económica nos muestra, de manera concreta, que la presencia de un déficit fiscal resulta de un exceso del gasto público sobre los ingresos fiscales, esto es, que si el gobierno gasta más que lo que recibe de sus impuestos o ingresos fiscales globales, para un periodo determinado, se tiene un déficit presupuestario o déficit fiscal. Una muestra de lo afirmado, es el anuncio de que para el mes de Mayo en la economía dominicana se generó un déficit fiscal de RD$36,064 millones, esto pone en evidencia de que las recaudaciones fueron inferiores a los gastos, o que el gobierno tuvo un gasto superior a los ingresos fiscales.
Cuando el gobierno incurre en déficit fiscal, entonces, normalmente tiene que recurrir a endeudarse para solventar el monto del déficit que se ha creado; más aun, si ese déficit es repetitivo años tras años, de esa manera el gobierno va incrementndo el endeudamiento, y esa acumulación de endeudamientos es lo que conocemos como deuda pública, la cual al relacionarse con el PIB va a indicar el porcentaje que representa la deuda en relación a este, pues mientras más alta, mayor es la deuda y en consecuencias aumentan los gastos por intereses.
Bajo esos criterios, es oportuna la pregunta ¿Es malo endeudarse? Ya sabemos que un déficit fiscal se cubre con deuda, por lo que hay que hacer una diferencia en el tipo de deuda al que se incurre. Esto así, ya que al gobierno endeudarse para financiar la construcción de hospitales, escuelas, carreteras, un metro, viviendas para los más necesitados, entre otros, cuya duración se prevé en el largo plazo, puede ser bueno. Pero si el endeudamiento se orienta a financiar proyectos interminables, los sueldos de los empleados públicos y gastos corrientes, no es recomendable.
Generalmente, los gobiernos de países de economías emergentes son muy proclives a endeudarse por encima de lo que pueden financiar; sin ningún problema, razón por la cual al tener ahogamiento financiero, de inmediato recurren a incrementar los impuestos, cuyos efectos contiguos consisten en reducir el nivel de vida de la población, también, se cae en una situacion de impago, provocando inevitablemente un cierre del crédito internacional.
La teoría económica establece que, la financiación del déficit fiscal, endeudándose en vez de eficientizar los impuestos, provoca un incremento del consumo en el corto plazo, lo que en una economía de pleno empleo, significa tener menos margen para invertir. Pero es que la financiación mediante déficit se traduce en una contracción de la inversión, significando esto que en el largo plazo, tanto el consumo como la producción, registrarán una desaceleración pronunciada.
Para que se tenga una idea más concreta de las consecuencias de un déficit fiscal y su financiación, tomemos en consideración que la demanda agregada descansa en cuatro componentes fundamentales como son: el consumo, la inversión, el gasto público y la diferencia entre las exportaciones y las importaciones. De estos componentes de la demanda agregada, el consumo es el más relevante porque tiene que ver con los gastos en bienes y servicios que hacen las economías domésticas, o familias, por lo que la decisión de gastar o ahorrar va a impactar en la demanda total.
En cuanto a la inversión esta se refiere al gasto que destinan las empresas para su innovación; por ende, impulsa la competitividad, lo que implica que las mismas estarán en función de su invención. Por su lado, el gasto público impulsa la demanda agregada en la medida que el gobierno incremente la compra de bienes y servicios y las exportaciones netas hace referencia a la demanda exterior de bienes y servicios, esto pone en evidencias que el gasto público ha de ser la válvula de escape que impulse la demanda agregada de acuerdo a las circunstancias y determine la viabilidad o no de un déficit fiscal.
Bajo este enfoque se entiende mejor que la utilización del gasto público y de los impuestos para ajustar la demanda agregada constituye la esencia de la política fiscal, por tal razón al plantear una reducción del déficit fiscal hay que analizar y predecir las consecuencias que el mismo tiene sobre el crecimiento económico. Por un lado, está el temor de que una reducción del déficit fiscal, vía el incremento de los impuestos, tenga un impacto negativo en el ahorro, y, por otro lado, la incertidumbre se dispara si se impulsa una reducción del déficit fiscal reduciendo la inversión pública ya que en tal escenario se perjudica el crecimiento económico.
En el entendido de que el déficit fiscal sea persistente y que si el gobierno frena el gasto público, está impulsando una desaceleración de la economía. Para el caso de la economía dominicana, esto sugiere que se adopte una política fiscal combinada, de la cual surja una disciplina del gasto público, con parámetros en el déficit que no superen entre un 2-3% del PIB, reducción de las exenciones y la evasión impositiva. Por igual, desde el gobierno se debe estar consciente que un déficit cero es imposible lograrse sin frenar la economía; además de que en la historia de la economía dominicana nunca ha existido superávit fiscal. De cara a un pacto fiscal deben ponderarse esos elementos, los cuales son válidos para una reforma fiscal integral.