Desde que la economía es reconocida como ciencia, a partir del siglo XVIII, el crecimiento económico se convirtió en un objetivo fundamental mediante el cual los economistas identificaron una de las principales causas de la riqueza de una nación, lo cual se convertía en el motor de un sistema económico que sugería que dicho crecimiento debe crecer de manera constante, para lograr incrementar el bienestar material de la colectividad y lograr un efecto multiplicador. Los aportes más recientes de la teoría del crecimiento ponen en evidencia que el capital y el conocimiento juegan un papel fundamental para que un país crezca con mayor rapidez que otros, conjuntamente con esto, el nivel de productividad es fundamental en el desenvolvimiento del nivel de vida de los países en el largo plazo
En el marco del crecimiento en el largo plazo es que se entiende mejor el hecho de que las economías de Japón y Alemania se hayan convertido hasta la actualidad en dos superpotencias económicas, cuando ambas eran un caos para 1945, fruto de que como resultados de la segunda guerra mundial su stock de capital fue destruido. Pero resulta que posterior a la segunda guerra mundial, ambos países experimentaron tasas de crecimiento del PIB más rápidas de su historia, que en promedio durante el periodo 1948-1972 alcanzaron 8.2% y 5.7%, respectivamente, experiencias estas que son referentes a todas las economías, ya que si el crecimiento del PIB es sostenido, la economía da el salto hacia el progreso, en cambio, la volatilidad en el PIB, mantiene la economía en rezago de manera prolongada.
Para el caso de la economía dominicana, se puede considerar que esta entró en una distorsión y perturbación que afectó a todos los sectores económicos cuyos resultados fueron una caída estrepitosa de las recaudaciones fiscales que envolvió de pánico a las autoridades económicas cuya desesperación impulsó la trágica decisión, en el mes de Septiembre del 2001, al recurrir a los mercados financieros internacionales, por tan solo pensar en el corto plazo. Es tal razón que conduce a colocar una emisión de bonos soberanos por la suma de 500 millones de dólares, y al inicio del 2003 se realizó una segunda emisión de 600 millones de dólares, situación que empujó al país a un impago de sus compromisos financieros internacionales, fruto del deterioro del déficit del sector público consolidado que arrojó 10 mil 452 millones de pesos en 2002, para el 2003 elevándose a 40 mil 700 millones y situándose en un histórico 57 mil 100 millones en el 2004.
El excesivo déficit fiscal que el gobierno acumuló, provocó grandes atrasos de pago de la deuda externa con los países del Club de Paris por un monto superior a los US$250 millones, así como también con la banca comercial internacional, a los cuales hubo de recurrir para poder financiarlo, lo que transformó a la República Dominicana en uno de los principales países más riesgoso para la inversión en la región, provocando así una pérdida de la credibilidad como deudor en la comunidad financiera internacional- hasta esos niveles se llegó.
En tales circunstancias, la caída del crecimiento de la economía dominicana había sido de un 2.7% para el 2001 y la actividad económica fue muy cambiante durante el 2002, en tanto hubo un incremento del déficit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, que no pudo ser financiado por ingresos en la cuenta de capital, por lo que una buena parte de ese déficit tuvo que ser cubierto con el uso de Reservas Internacionales Brutas, las cuales cayeron de 1,340 millones de dólares a que habían llegado en diciembre del 2001, como consecuencia de la entrada de los Bonos Soberanos, a tan sólo 828 millones en diciembre del 2002, con la presencia desconocida de los déficits gemelo, fiscal y de balanza de pagos.
Este desplome del crecimiento del PIB jamás se volvió a recuperar hasta llegar a un nivel que para el año 2003 la economía creció de manera negativa alrededor de un 2% situación desconocida en los últimos 30 años, la cual se expresó en la expansión de 1 millón 400 mil dominicanos que cayeron en la línea de la pobreza. Pero como la incertidumbre se apoderó de los agentes económico y la existencia de unas crecientes dudas sobre la estabilidad de la moneda nacional, el público depositante convirtió sus ahorros en pesos a dólares, lo que derivó en una devaluación del peso que rompió los parámetros históricos de referencias, durante el 2002, el cual se agravó con el colapso de tres grandes bancos para principio del 2003, con un costo fiscal de alrededor de un 22% del PIB, situación que llevó al país a caer en los brazos del FMI, arrodillado, cuando el 29 de agosto del 2003, el Directorio del FMI aprobó un programa Stand-By con un apoyo financiero de aproximadamente 600 millones de dólares. El desastre que desplomó la economía dominicana, durante el periodo 2003-2004 no registra antecedentes inmediatos, el cual estuvo perturbada por los desajustes macroeconómicos derivados de la crisis financiera.
La capacidad de superar la crisis de la economía dominicana se expresó durante el periodo 2005-2010, al lograr una pronunciada recuperación y estabilidad macroeconómica articulada en una tasa de cambio relativamente controlada, tasa de interés acomodada al financiamiento y niveles de inflación por debajo del 3%. Sin embargo, en el 2008 la economía dominicana fue afectada por un deterioro progresivo de las condiciones financieras a nivel internacional desatada por el colapso del mercado inmobiliario de USA, con las hipotecas subprime, el cual desaceleró el ritmo de crecimiento del PIB, que experimentó un comportamiento de un 5.3%.
Tal situación logró una superación impresionante durante el periodo 2009-2012 cuando el PIB cerró el 2010 con un robusto crecimiento de 7.2%, el cual fue una expresión de la consolidación de la recuperación que se había iniciado desde finales del año 2009 tras la crisis global, pero aun así impactaba en la economía tal como se expresaba durante el 2011-2012 cuyo promedio de crecimiento del PIB fue de 4,4%. El dinamismo experimentado por la economía, ha sido fruto de descansar en múltiples sectores, durante el periodo 2012-2016, por lo que se ha construido un patrón de sostenibilidad del ritmo de crecimiento del PIB muy satisfactorio ya que se ha establecido un promedio del 5%, lo cual es una señal de que la economía dominicana se ha colocado en una de las principales de la región al alcanzar un PIB requerido para enfrentar los desafíos y retos que impone la realidad socioeconómica imperante.