Hablan los hechos

El G 20, una cumbre entre sordos

El G 20 está conformado por el Grupo de los veinte países más grandes del planeta y que representan el 85 % del PIB, o lo que es lo mismo, la riqueza mundial, que ocupan dos tercios de la población mundial. Estos han establecido su reunión anual, que se centra principalmente en la coordinación de las políticas financieras y económicas, fijando su interés en la política económica y financiera de estos, pero a su vez, los líderes reunidos aprovechan la oportunidad para socializar y enfrentar los temas urgentes de la agenda, desde las crisis geopolíticas hasta el cambio climático, tal como acaba de ocurrir.

A pesar de que la creación del G20 ocupaba el interés de los Ministros de finanzas y Gobernadores de bancos centrales, el cual se estableció en 1999, para reunir a las economías industrializadas y en desarrollo más relevantes, así como debatir cuestiones clave en la economía mundial, fruto de la crisis asiática de ese entonces, cuya conferencia inaugural se llevó a cabo en Berlín, del 15 al 16 de diciembre, organizada por los ministros de finanzas de Alemania y Canadá. Pero es la Cumbre de Washington, celebrada el 15 de noviembre de 2008 en la capital estadounidense, que es considerada como una de las reuniones más importantes del G20, ya que trató de la reforma del sistema financiero mundial y comprometió la presencia de los jefes de Estado, propuesta por la Unión Europea y organizada por Estados Unidos, como resultado de la crisis financiera mundial.

En realidad el G20 es un foro de cooperación y consultas entre los países en temas relacionados con el sistema financiero internacional, donde se Estudia, revisa y promueve discusiones sobre temas relacionados con los países industrializados y las economías emergentes, con el objetivo de mantener la estabilidad financiera internacional, además de encargarse de temas que estén más allá del ámbito de acción de otras organizaciones de menor jerarquía. En la actualidad el G20 está compuesto por Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, República de Corea, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, el Reino Unido, los Estados Unidos y la Unión Europea.

El Grupo de los Veinte o G20, recientemente se reunieron entre el 4 y 5 de septiembre en la ciudad oriental de Hangzhou, en China, con el objetivo de debatir una transformación de la economía mundial para convertirla en “innovadora, vigorosa, interconectada e inclusiva”, cuyos miembros, del G20, han apostado por una economía global más dinámica, inclusiva y menos proteccionista para cambiar el actual escenario económico global, que genera alta preocupación. Al finalizar este evento, los líderes mundiales se comprometieron en el «Consenso de Hangzhou» a movilizar «todas las herramientas políticas, monetarias, presupuestarias y estructurales» para estimular el crecimiento económico y rechazando el proteccionismo en el comercio mundial.

Por igual, los miembros del G20 también acordaron no buscar ventajas económicas mediante devaluaciones de sus monedas, ya que la «excesiva volatilidad y fluctuaciones desordenadas de los tipos de cambio» constituyen un peligro para la economía global. Tal decisión de construir una economía mundial más abierta, procura garantizar que el crecimiento económico beneficie a todos los países y poblaciones para lograr un impacto significativo en la reducción de la pobreza y el crecimiento económico incluyente.

No existen razones justificables para dudar de las buenas intenciones de lo acordado de la cumbre del G 20, máxime cuando han colocado en primer plano los puntos neurálgico que perturban el desempeño de la economía mundial, sin embargo, desde su creación en 1999 y su relanzamiento en el 2008, ambas impulsados por crisis que afectaron al mundo, el G 20 ha definido compromisos de relanzar la economía mundial, tal como acaba de asumirlo.

Pero en la Cumbre de Hangzhou, China, se mostró una mayor compenetración asociativa entre los líderes de las mayores economías del mundo, cuya finalidad es enfrentar juntos los complicados desafíos que atraviesa el mundo, lo que convierte esta decisión en establecer un compromiso que no tiene antecedentes en la historia del G 20, el cual lo conecta con la agenda del 2030 sobre el desarrollo sostenible, pues el consenso es la vía adecuada para alcanzar esos propósitos comprometidos. La reunión de los líderes de las economías más importantes del mundo logró que estos asumieran como compromiso impostergable combatir el cambio climático y la desigualdad que se ha ampliado con la globalización.

Las dudas sobre el cumplimiento de los compromisos asumidos en la cumbre del G 20 se deriva del hecho de que no se estableció una coordinación de políticas económicas entre las naciones, tampoco se construyó una ruta critica que permitan evaluar los resultados de manera calendarizada, pues todo lo acordado se ha circunscrito a una larga lista de promesas, que al igual que en otras ocasiones, han sido incumplidas. Pero resulta que la intención original del G 20 siempre ha sido enfrentar los grandes retos económicos que desafían al mundo, sin embargo en todas las cumbres anteriores los acuerdos alcanzados han sido incumplidos en un 70%, por lo que estas reuniones más bien han sido calificadas de diálogos entre sordos.

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