Los costos de una campaña electoral tienden a ser muy elevados en cualquier parte del mundo, tambien las cifras oficiales de gastos que se suministran tienden a no ser exacto con la realidad electoral que se llevan a cabo en estos procesos, es el precio financiero que se asume para preservar la democracia como régimen predominante. Los datos que revelan múltiples estudios acerca del costo financiero de una campaña electoral son asombrosos, los cuales tienden a multiplicarse por el uso intensivo de la tecnología, la cual cada vez más se convierte en el ancla sobre el cual descansan estos procesos.
En un editorial de la revista británica, The economist, a raíz de las recién pasadas elecciones de EE.UU, esta la calificó como “las elecciones que son el mayor espectáculo del mundo” y que “representan el mayor costo de proceso alguno”. Bajo ese enfoque nos encontramos que ciertamente las elecciones de EE.UU tienen un alto costo en la economía de ese país y que de una u otra manera tienen un fuerte impacto en la economía y los negocios por las implicaciones que representa la promoción de un candidato que aspira a llegar a la casa blanca.
En efecto, se estima que el recién concluido proceso electoral de EE.UU tuvo un costo global de US$6,918 millones de dólares, el cual resulta de la suma de US$2,651 millones de dólares correspondiente a la carrera presidencial y la fría suma de US$4,267 millones de dólares que implicó las aspiraciones al congreso. Si se toma en consideración que se convocaron 227 millones de ciudadanos para ejercer el derecho al sufragio, entonces, ha de concluirse que en promedio el acudir cada elector a las urnas, esto representó un costo de US$30 dólares de manera individual.
Los antecedentes de gastos más cercanos de una campaña electoral en EE.UU, los encontramos en las elecciones del 2008 y el 2012, en ambas el actual Presidente Barack Obama fue candidato presidencial con competidores diferentes, pero teniendo como denominador común las astronómicas sumas dinero y la presencia de una crisis financiera global. Para el proceso electoral del 2012 se tiene la precisión que los partidos Republicano y Demócrata de manera individual tuvieron igual de gastos electorales cuya sumatoria rompió los records al alcanzar la suma de US$2,153 de dólares distribuidos en partes iguales.
Los gastos de campaña electoral de EE.UU tienen múltiples factores que los justifican, entre los cuales se encuentran los equipos de campaña que devengan un sueldo, las oficinas que se establecen para esos fines, en todos los estados, el manejo de las encuestas, los asesores de la campaña, la compra de espacios de prensa, la radio y la televisión, internet para la difusión de los mensajes y los viajes a todo el territorio de ese país. En definitiva, los candidatos no escatiman esfuerzos en incurrir en grandes gastos para su promoción y convencer a los electores para ser favorecidos con el voto, aunque los mismos dependen de las recaudaciones, no de las finanzas personales de los aspirantes.
En EE.UU existe la comisión de elecciones federales, CEF, o Federal Election Comission, la cual fue creada en 1905 por el entonces Presidente Theodoro D. Roosevelt con la finalidad de limitar que individuos acaudalados y grupos corporativos pudieran influir en los resultados de las elecciones federales. Por igual, dicha comisión regula el gasto desproporcionado en las campañas electorales y frena los abusos de los financiamientos, para lo cual se obliga divulgar los informes financieros de los gastos y los origenes de los mismos, situación que ha sido reforzada hasta el presente.
Es en el marco de la ley que instituye la CEF que se limita las contribuciones de los individuos y grupos a los candidatos presidenciales, al tiempo que prohíbe las contribuciones y gastos por parte de ciertos individuos y organizaciones para aportar con las campañas electorales. En tal virtud, no se permiten contribuciones hechas en nombre de otra persona, se prohíbe las contribuciones en efectivo que excedan los US$100 dólares, se prohíben las contribuciones de ciudadanos extranjeros, bancos nacionales relacionados con las candidaturas.
Bajo esta ley y el código de renta de EE.UU, los candidatos presidenciales reciben dinero del fondo de campañas para las elecciones presidenciales cuyo soporte es administrado por el departamento de hacienda. Como se sabe, la campaña electoral de EE.UU superó los US$6,600 millones de dólares, los cuales en una alta proporción estos recursos tienen su origen en las contribuciones hechas por los ciudadanos, cuyas donaciones individuales se limitan hasta los US$5,400 dólares, los cuales se pueden dividir en partidas iguales entre las elecciones primarias y la campaña general.
En adición, existen los denominados comités de acción políticas, PAC, los cuales se constituyen para recolectar fondos destinados a la realización de campañas a favor o en contra de los candidatos, los cuales no tienen límites. La campaña electoral que acaba de finalizar en EE.UU se ha valorado como la más costosa en la historia electoral de esa nación, en el cual la candidata demócrata, Hillary Clinton, invirtió la astronómica suma de US$687,361,894 dólares, mientras que el magnate Donald Trump, aspirante Republicano, tuvo gastos por el orden de US$306, 930,980 dólares, para una suma total de US$994,192,874 de dólares, equivalente a un 52% del total de recursos financieros utilizados por todos los aspirantes presidenciales de ese país, aunque Trump hizo aportes personales aun desconocidos, pero significativos, pues el 48% restante lo gastaron los aspirantes Gary Johnson, Evan McMullin y Jill Stein.
El costo de la campaña electoral de EE.UU, 2016, representó una inversión de un 40% en los medios masivos de comunicación, equivalente a US$429 millones de dólares, los cuales fueron usados en consultas políticas, radio y TV, correos electrónicos, viajes y el pago a la nomina de quienes trabajaron en dicha campaña. Si se hace un comparativo con la economía de los países en vía de desarrollo, los gastos de campaña electoral supera el PIB de estos países.