Hablan los hechos

El poder de decisión de las bases del PLD

Tras consolidarse en el ejercicio del poder, el Partido de la Liberación Dominicana alcanza la categoría de fuerza predominante en el escenario nacional, por lo que sus directrices y proyecciones resultan determinantes para el futuro del sistema político en nuestro país.

Esta hegemonía, no prevista durante la etapa de los liderazgos de figuras como Juan Bosch, fundador del PLD; José Francisco Peña Gómez, cabeza del Partido Revolucionario Dominicano, y Joaquín Balaguer, del Reformista Social Cristiano, coloca una responsabilidad enorme sobre los herederos políticos del Boschismo.

Ciertamente, es una realidad que el PLD se constituye hoy en la única entidad que funciona de manera real y plena como proyecto partidista en el escenario político dominicano.

Ni los más enjundiosos politólogos y estudiosos de la sociedad dominicana pudieron prever que 20 años después de ejercer por primera vez el mando desde el gobierno Central, el PLD sería el único referente, y por tanto, sostén del sistema de partidos en esta nación.

De esta manera, y de acuerdo al consenso obtenido entre estos intelectuales, las decisiones que adopta la dirección de PLD y que afecten su estructura orgánica, sus procesos internos, métodos de trabajo y lineamientos políticos, repercuten a su vez en forma determinante en el modelo democrático de todo el país.

Dos décadas de evolución

Cuando en 1996, el Partido de la Liberación dominicana llega por primera vez al gobierno, todavía estaban en vigor los liderazgos históricos de Balaguer, Bosch y Peña Gómez, en sus respectivas organizaciones.

Recordemos, que aunque el compañero Bosch había delegado sus funciones por razones de salud, era presidente Ad-vitan del partido y aún su peso específico era enorme dentro y fuera del PLD.

En tanto, aunque afectados por dolencias, tanto Balaguer como Peña Gómez estaban entonces activos al frente de sus correspondientes partidos.

Leonel Fernández, candidato presidencial de un PLD que venía de obtener el tercer lugar en los comicios de 1994, alcanza la jefatura del Estado con el apoyo de Balaguer y su PRSC, frente al candidato perredeísta, Peña Gómez.

No obstante, en las elecciones de 2000, con Danilo Medina como candidato presidencial, el PLD pierde las elecciones, frente al perredeísta Hipólito Mejía, en un escenario electoral dividido en tres, donde también Balague fue candidato.

Antes, nuestro partido también se vio derrotado en las elecciones congresuales y municipales de 1998, cuando obtuvimos un reducido número de representantes.

Pero he aquí que las elecciones de 2002 marcan un fuerte posicionamiento del PLD como partido de mayor crecimiento electoral y orgánico, expresado en la conquista histórica de la Alcaldía y la Senaduría del Distrito Nacional, posiciones emblemáticas.

Ya en 2004, con Fernández nuevamente como candidato, el PLD retorna a la dirección del Estado y repite en 2008. En 2012 llega a la Presidencia Danilo Medina, quien se reelige en 2016 en comicios generales.

Todos estos triunfos se produjeron en primera vuelta, es decir, al superar el 50 por ciento de los votos en el primer balotaje.

Hay que destacar las igualmente contundentes victorias moradas en las elecciones congresuales y municipales de 2006 y 2010.

En ese lapso, desde 1996 hasta el presente, los principales partidos dominicanos se quedaron sin sus líderes históricos, pero solo el PLD ha logrado completar la transición que ha propiciado la preservación de su unidad interna y el consiguiente éxito político.

La clave

Para entender la razón de la principalía del PLD, en primer lugar hay que partir de la fortaleza de la estructura forjada por Bosch y sustentada durante años por la militancia de la organización.

Con esta configuración como plataforma, surgen y se desarrollan los liderazgos modernos del PLD, que tienen como expresiones más elevadas a Leonel Fernández y Danilo Medina.

Por su nivel de conciencia y responsabilidad política, estos dos líderes han actuado en los momentos cruciales de la historia reciente dominicana con sentido de cuerpo, y en esa virtud, mostrado la disposición de que el PLD alcance o preserve el poder, aún a costa de sacrificar aspiraciones personales.

La base, la militancia, sustento del Partido y del Gobierno

Es importante tomar en cuenta que para viabilizar esta cadena de triunfos electorales, amén de ejercer gobiernos caracterizados por el desempeño exitoso en la creación y distribución de riquezas y oportunidades, el PLD ha experimentado un proceso de transformación orgánica.

De partido de cuadros, basado en organismos, la entidad fundada por Juan Bosch realizó paulatinamente la transición a una poderosa y eficiente maquinaria electoral, en sus estructuras de base.

Pero aun cuando la base del PLD se amplió cuantiosamente bajo estos parámetros, y ha llegado a convertirse en masa, la Dirección Nacional prevalece como organismo de decisiones colegiadas y es el estamento de mayor peso específico en la marcha de la nación.

Podemos observar entonces que el Comité Político del PLD preserva como método de trabajo esencial el criterio de equipo, y sobre esa base propulsa el desempeño exitoso en materia electoral y en otras áreas estratégicas.

La base, garantía de control de calidad

Dentro de las facultades que históricamente corresponden a los militantes del PLD, sobresale la de evaluar, emular, premiar o sancionar el desempeño de los dirigentes a todos los niveles, incluso de la cúpula del partido.

Es decir, que la categoría de miembro militante del PLD otorga la capacidad de votar en los procesos internos de la organización, en particular los destinados a elegir a los dirigentes de intermedios, de circunscripciones, municipales, provinciales, de seccionales y nacionales.

Se recuerdan casos de dirigentes que alcanzaron la posición de miembros del Comité Central, y de ahí subieron al Comité Político, y que en congresos subsiguientes no obtuvieron votos suficientes de la base y por tanto debieron bajar a otros organismos.

Igualmente, el voto de los militantes, quienes se forjan en la práctica y teoría partidista, ha sido la vía para seleccionar a los candidatos a cargos electivos de mayor potencial y desempeño en cada proceso comicial.

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