Estamos viviendo un tiempo en donde se pretende -en forma sostenida y bien sustentada desde algunos programas privados y de organizaciones no gubernamentales bien dotadas en lo económico- secuestrar la razón y colocar la sinrazón como estandarte viable. El partido tiene el deber de resguardar el proceso de cambio que hemos vivido desde que sus gobiernos han ejecutado grandes obras tangibles e intangibles en aras del progreso integral de los ciudadanos sin importar niveles sociales.
Permítanme compañeros lectores, iniciar el fundamento de la idea central de este artículo, hablar en singular, para decirles que nunca me ha importado ser calificado por otros, me he construido una forma de ser para muchos un tanto corrosiva y muy selectiva para hacer amistades. Muchas veces me he quedado solo en peregrinaje de mis ideas y eso me ha costado mucho en algunas relaciones interpersonales, pero pago ese costo con mucho gusto en aras de la libertad para elaborar mis propios mapas en la vida política, en la vida social, en la vida que he tenido como docente en el nivel medio y luego en las instituciones de educación superior en donde he aportado mis ideas a través no solo de las aulas sino también dentro de las lides directivas de mi Alma Mater.
En la sociedad dominicana actual debe haber una gran introspección, comenzando por los que nos dedicamos a la vida pública en todas las vertientes en que esta se manifiesta. Hace relativamente poco tiempo –quizás un decenio de años- se observa una decadencia en muchos órdenes de nuestra sociedad. En lo particular he padecido los golpes del manejo inadecuado de las informaciones y un vilipendio inexplicable por parte de personas que han vivido conmigo grandes procesos de luchas, solo en el interés de dañar a un tercero, a través de mí. Pero en otro momento, utilizado como chivo expiatorio para acallar escándalos que otros con su toma de decisiones, crearon. Es increíble como los intereses dañan las relaciones en el mundo social, político, académico y gremial, cuando los que han decidido que serás su adversario echan manos a la calumnia y el cinismo para encubrir sus mediocridades particulares. Todo lo antes expuesto lo he sentido en carne propia en sentido particular y lo he narrado en forma expedita, para que sirva de antecedente a las ideas que deseo exponer acerca de lo que acontece en el país, con respecto al movimiento verde y sus argumentaciones.
Muchos de los que están participando en las actividades de este variopinto movimiento, tienen cobertura nacional, ya por ser ex candidatos, tener un micrófono abierto a través de la radio o la televisión en donde participan como protagonistas de un malsano ruido mediático que viene cundiendo las ondas hercianas, ya que tengan interés en ocultarse en un discurso que no les sirve de sustento a sus vidas, ya que estén en un sueño de conspiración, ya que estén haciéndose notar por falta de otros medios propios para descollar o trascender y así pescar una oportunidad que no merecen; sobre esos entes es que debemos hacer énfasis, con el objeto de evidenciar intensiones malsanas, montadas bajo las premisas de la posverdad. El gobierno debe planificar acciones de marketing en el norte del debido desmonte de las mentiras repetidas mil veces, con el objeto de convertirlas en verdades irrefutables ante las conciencias de los ciudadanos que se intoxican a diario con las viejas y nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Se debe unificar un discurso para evitar comparecencias erráticas, las que en vez de ayudar, desayudan. Es tiempo de unidad, no solo en la percepción partidaria, sino en la defensa del gobierno.
Es tiempo de dejar a un lado las aspiraciones particulares, es tiempo de dejar atrás la creencia de que podemos aprovechar -como individuo al asecho de oportunidades- para tratar de golpear a algún contrincante interno, porque de hacerlo, estaríamos jugando a matar la gallina de los huevos de oro. Ningún peledeísta puede dejar de saber la peligrosidad de la división, aunque sea en forma perceptiva ni mucho menos desconocer la idiosincrasia del dominicano, colocado en un lenguaje coloquial en la obra de don Juan titulada: La mañosa.
No se puede minimizar al adversario, por pequeño que este sea, porque puede sorprendernos. En ese orden, como la verdad es relativa y se puede construir con argumentaciones objetivas, es decir, se pueden demostrar aspectos fundamentales de ella a través de técnicas probadas, debemos apelar a la existencia de la verdad del gobierno y en la posibilidad de hacerla llegar a los ciudadanos, sin la manipulación de la radical duplicidad del lenguaje a la que se refiere Hobbes “lo bueno y lo malo, lo útil y lo inútil, lo honorable y lo deshonroso, aparezcan como mayores o menores de lo que verdaderamente son, y hacer que lo injusto parezca justo, según convenga al propósito de quien habla”.
No olvidemos que la verdad casi siempre va a depender del punto de vista interesado de quien va formulando con sus argumentos particulares y que deriva de ese proceso de construcción metódica y tenemos que colocarnos en esa acción de imposición social, para vencer ante la percepción popular.