Opinión

La dedicación como primicia de éxito

Para crecer en lo humano, como cimiente de todos los demás crecimientos del hombre, hay que establecer políticas públicas, que hagan participe a toda la sociedad económica, social, cultural y políticamente activa. Con políticas públicas cimentando el crecimiento humano, es posible que aparezcan actores que se dediquen a lograr las metas a corto, mediano y largo plazo.

¿Puede la universidad ayudar al respecto? Claro que puede, pero tiene que trabajarse sobre el énfasis de la extensión cualitativa, con parámetros concretos, para que puedan medirse.

Anteriormente hablamos de tres primicias, el amor al trabajo, la cautela en el gasto y acometimiento. Ahora me quiero referir a una cuarta, se trata de la dedicación. La dedicación necesita de dos pies de amigo, estos son, la consagración y laboriosidad.

La dedicación también necesita de un equipo, y éste –es decir, el equipo– debe trabajar en forma intrínseca para enfatizar en el esfuerzo individual y colectivo. Este esfuerzo conlleva un programa sustentado en motivaciones puntuales –tanto higiénicas como motivacionales– en la búsqueda de lograr el cúmulo de energías necesarias, para vencer resistencias. Las resistencias se vencen primero, en el ámbito interno y luego, en el ámbito externo y se hace de esta forma, para lograr conseguir cosas que necesita el equipo, venciendo las dificultades que se vayan presentando. La dedicación es clave en la etapa dinámica del proceso administrativo.

La programación de costos para conseguir los fines propuestos, es asunto esencial en el camino del éxito de cualquier organización y sobre los recursos, se monta la necesidad de ánimo, de vigor y de valor para superar los retos de cada proceso –con el menor riesgo posible– porque se ha previsto, a través de una entrega al trabajo, que solo se logra con dedicación en todo su contexto lingüístico. Todo este proceso de dirección y ejecución dinámico, necesita del tipo de dedicación que estamos recomendando. Este quehacer podría entrar dentro de lo que se define como mística de trabajo, la que impregna a las acciones de características únicas y que a la vez son claves de gran fundamento para recorrer con éxito el transito del trabajo.

La entrega es el segundo factor de valía en la dedicación, porque hay que poner manos en la obra que vamos a forjar, a través de encargarnos de que se hagan las tareas y las actividades como si el propio Dios la fuera a verlas. Para trabajar la excelencia hay que introducirse en lo que hay que hacer, con el objeto de que todos puedan centrarse en lograr las metas previstas.

El tercer factor por señalar, lo encontramos en el concepto entusiasmo. Estar entusiasmado equivale –en esta manera de vivir lo que hacemos– a la inspiración divina. Es como un arrobamiento de una Sibila al dar a conocer su Oráculo. También podría equivaler, a la fogosidad de un orador en un discurso.

El entusiasmo está integrado de cuestiones que cautivan a los que escuchan, observan o se relacionan contigo por lo que haces y en el empeño que se pone para lograr lo propuesto en una jornada de trabajo, como parte de una planeación a largo plazo. El entusiasmo también cuenta con la clave del fervor por lograr las metas con esmero, sumo cuidado y atención diligente en hacer las cosas con perfección, sin olvidar, que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Cuando vemos dedicación en otros aspectos, podemos señalar su etimología; para decir, que viene del latín dedicare, cuyo significado es la actitud de ser firme en alcanzar un objetivo. Y en este punto, debemos enfatizar, que es también invertir el tiempo necesario para alcanzar las metas. Esto lo creemos de ese modo, debido a que consideramos que las ideas por sí solas no traen éxito, porque nada viene sobre lo que se piensa, sino sobre lo que se actúa.

En ese sentido, dedicación es pensar en términos de ahora. No esperar hasta que las condiciones sean perfectas.

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