Opinión

China y su Dictadura Democrática

La República Popular China, ubicada en Asia Oriental, es una nación gigante en el sentido más amplio: es el tercer país más grande del mundo y el más grande de Asia, con más de 9 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales 270 mil están ocupados por ríos y costas; más del 50% de sus tierras poseen vocación agrícola, con un amplio porcentaje de cultivo bajo riego (690 mil kilómetros cuadrados); más de 1,300 millones de habitantes; más de 22 mil kilómetros de frontera, que comparte con 14 países; el más grande en paridad de poder adquisitivo (PPA); el mayor importador y exportador de bienes; la más grande potencia industrial; y alberga la superficie más alta del mundo (el Monte Everest con 8 mil 850 metros sobre el nivel del mar). En lo único que es pequeño es en la participación democrática: solo hay un partido político, que al mismo tiempo es una de las organizaciones con la mayor cantidad de militantes del mundo (89 millones).

Su forma de gobierno catalogada como “socialismo con características chinas”, bajo la dirección del Partido Comunista Chino (PCCH), fundado hace 97 años (1921-2018) y quien ha gobernado el país durante los últimos 73 años (1945-2018), se caracteriza por limitar los derechos a la libre expresión y difusión del pensamiento, la libertad de cultos, de reunión, de asociación y el límite de la natalidad.

El PCCH está conformado por una élite capacitada y experimentada, que ha asumido el liderazgo de la sociedad, mediante una férrea organización concentrada y escalonada, que controla todo el aparato del partido y el Estado. Es el centro de la transformación social, a través del poder político que ejerce desde las distintas instancias estatales. Su legitimidad se fundamenta en dos elementos esenciales: haber logrado la unificación nacional del país y haber convertido a China en una nación admirada, temida y respetada por todo el mundo. Bajo el liderazgo del PCCH, ha habido una gran transformación económica y social, que ha permitido mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población y se han logrado reformas importantes en las libertades y oportunidades para que los ciudadanos se expresen a través del uso del internet y las comunicaciones. No obstante, no son comparables las libertades y las garantías de los derechos fundamentales de China con los países de occidente.

El poder del Partido Comunista Chino, está consagrado en su Texto Constitucional del 4 de diciembre de 1982, al consignar en su preámbulo que “Bajo la dirección del Partido Comunista de China y la orientación del marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong (Mao Tse Tung), el pueblo chino de todas las nacionalidades seguirá adherido a la dictadura democrática del pueblo y seguirá el camino socialista, mejorará constantemente las instituciones socialistas, desarrollará la democracia socialista, mejorar el sistema legal socialista y trabajar duro y con confianza para modernizar la industria, la agricultura, la defensa nacional y la ciencia y la tecnología paso a paso para convertir a China en un país socialista con un alto nivel de cultura y democracia”.

Otras reformas constitucionales realizadas en los años 1988, 1993, 1999 y 2004, enfatizan sobre el poder del Partido Comunista Chino en la vida institucional, política y económica del gigante asiático.

En la reforma del 1988, su artículo 11 se modificó, estableciendo “… El sector privado de la economía es un complemento de la economía pública socialista. El Estado protege los derechos e intereses legítimos del sector privado de la economía y ejerce la orientación, supervisión y control sobre el sector privado de la economía”, lo que pone de relieve que la mayoría de las empresas privadas chinas están controladas por el Estado. De ahí que el sector privado no puede hacer alianzas de manera autónoma, con empresas de países con los cuales china no tiene relaciones diplomáticas.

Otra enmienda importante en el orden económico se estableció en 1993, con una modificación al artículo 7 de la Ley Sustantiva, consignando que “La economía de propiedad estatal, es decir, la economía socialista bajo la propiedad de todo el pueblo, es la fuerza líder en la economía nacional. El Estado asegura la consolidación y el crecimiento de la economía estatal”.

El presidente actual de China desde el año 2013, Xi Jinping, ha obtenido la autorización del Comité Central del PCCH, para modificar la Constitución y poder presentarse a la reelección de manera indefinida, ha logrado con su pensamiento y acciones, colocarse en el nivel de líderes históricos como Mao Zedong y Deng Xiaoping, considerados como los líderes máximos de China en los períodos 1949-1976 y 1978-1997, respectivamente.

De ahí que en la actualidad haya tenido gran incidencia el discurso pronunciado por Xi Jinping en el XIX Congreso Nacional del Partido comunista de China, realizado del 14 al 24 de octubre de 2017. En esta oportunidad, el máximo líder chino desarrolló lo que el PCCH denominó de manera oficial como el “Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era”, en el que abordó 14 principios fundamentales sobre la forma en que debían conducirse el futuro del Partido y del Estado. Entre estos se encuentra garantizar el liderazgo del partido y su absoluta autoridad sobre el ejército; aceptar que el pueblo es quien gobierna el país, por lo que se comprometió a asumir un enfoque en el que la sociedad sea el eje central; se comprometió a dar continuidad a la reforma integral iniciada por el PCCH, defendiendo los valores socialistas y garantizando que las actuaciones del gobierno estén apegadas a la ley; procurar la mejora de las condiciones de vida de la población y la seguridad de la nación; promover la armonía entre los seres humanos y los recursos naturales, entre otros aspectos importantes.

Christopher Johnson, asesor senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, explica que existe una estrecha relación entre Mao Zedong, Deng Xiaoping y Xi Jinping: el primero creó las condiciones para que china fuera una nación independiente, el segundo sentó las bases para que China se elevara económicamente y el último pretende construir una China fuerte, una superpotencia.

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