Opinión

¿Para dónde vamos?

La pregunta que encabeza esta columna, la hacemos o mejor dicho el autor se la hace también, confundido por las cosas que se ven no solamente en nuestro país, sino por las cosas que se hacen en otros países y particularmente en Estados Unidos de América, que todavía es la nación mas poderosa del mundo.

Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América en reconocimiento que nos llenó siempre de satisfacción y que estamos obligados a agradecer siempre, decía que el autor de esta columna era en nuestro país, una de las personas que mejor conocía la historia social, política y militar de Estados Unidos, porque en términos económicos, no lo afirmaba debido a que no somos economista.

Facilitamos a Juan Bosch un libro que se tituló “La cuestión de Santo Domingo”, que es un episodio de un libro, de autor estadounidense llamado Dexter Perkins, editado por la Logia Cuna de América, a fines de la década iniciada en 1950.

Ese libro fue anotado por Enrique Apolinar Henríquez, alias “Quiqui”, un intelectual que originalmente era de amigo de Rafael Trujillo Molina y primer presidente de la compañía de Seguros San Rafael, años después se separó de Trujillo y fue calificado como un desafecto al régimen que impuso como dictadura, el gobernante dominicano.

El profesor nos escuchaba con atención cuando hablábamos de la política exterior de Estados Unidos, particularmente en el escenario hispanoamericano, a la cual comenzamos a darle seguimiento desde cuando éramos apenas un adolescente, tal vez de 13 o 14 años y estaba en ejecución la llamada “Diplomacia del Asalto”, del Departamento de Estado en Centroamérica, donde reinaba, en términos económicos, la United Fruit Company, conocida como “Mamita Yunai”, la compañía agrícola más poderosa del mundo, de la cual eran abogados los hermanos John, y Allan Foster Dulles.

El primero de ellos secretario de Estado y el segundo, fundador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), del poderoso país. Decíamos a don Juan, nuestro maestro y líder, que esa política de aquel entonces, agresiva, cruel, intolerante, sin contemplaciones, era coherente y que había que saberla combatir no solamente con valentía y responsabilidad, sino también con prudencia y sobre todo paciencia.

Ahora, en nuestros tiempos la política exterior de Estados Unidos, en los países que estamos cerca de su frontera imperial, es realmente desconcertante: Panamá, El Salvador y la República Dominicana, están siendo cuestionados y observados porque han establecido relaciones a plenitud con la República Popular China, 40 años después de haberlo hecho Estados Unidos, que critica que los gobiernos de estos tres países, centroamericanos y del Caribe, hayan abandonado sus relaciones con Taiwán, que en la realidad histórica y política, es una provincia de la República Popular China.

Realmente ahí es que cabe nuestra pregunta, hacia dónde quieren que vayamos los que manejan la política exterior de Estados Unidos, bajo el criterio de que los centroamericanos y caribeños, no somos ni siquiera un Estado de la Confederación Estadounidense sino, lamentablemente, los patios en los cuales ellos pueden mandar y hacer lo que les dé la gana.

Qué ironía esa actitud, sobre todo para los dominicanos que es el pueblo de hispanoamérica que más ha luchado y combatido por hacer realidad el ideal de su soberanía e independencia. Orgullosos de ser un “Pueblo legendario veterano de la historia y David del Caribe”.

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