Opinión

¿Hacia dónde vamos? y II

En el último párrafo de nuestra columna anterior, profundamente preocupados, preguntamos a nuestras compañeras y compañeros que ¿hacia dónde vamos?, dejando con claridad absoluta que la autodestrucción del Partido de la Liberación Dominicana sería un acto de traición a la memoria y esfuerzos de las mujeres y hombres que ofrendaron sus vidas luchando por la República fundada por los próceres trinitarios el 27 de febrero de 1844, que en primer lugar, Danilo Medina Sánchez, presidente de la República, y Leonel Fernández Reyna, presidente del partido, serian responsables de ese hecho.

Pero queremos ratificar ahora que no solo los dos compañeros como dirigentes de mayor influencia y autoridad en la organización serían responsables.

Seríamos responsables también todos los dirigentes importantes, mujeres y hombres del PLD, incluido el autor de esta columna.

El PLD, concebido, fundado, organizado y dirigido por Juan Bosch no ha sido ni es, instrumento de lucha propiedad absolutamente de nadie: el PLD es solamente propiedad del pueblo dominicano y estamos todos sus miembros, sin importar la jerarquía, o la experiencia política de los que militan en sus filas obligados a apoyarlo y defenderlo, para que siga gobernando y dirigiendo el destino de la nación, que es el primer pueblo de América que ha vivido, desde su génesis, en combate por los matices de su personalidad de república soberana e independiente, dueña absoluta del presente y porvenir de su vida.

Quizás junio es el tercer mes más importante en la historia del pueblo dominicano, después de febrero y agosto, y el más indicado para recordar todos estos aspectos, profundamente emotivos, del largo proceso de más de un siglo desde su fundación como Estado republicano, democrático, sin discriminación racial, que nos ha convertido en un ejemplo para toda la región del continente americano.

Fue en junio, diez años después del desembarco de Luperón en 1949, que llegaron a Constanza, Maimón y Estero Hondo, las expediciones para luchar contra la férrea, intolerante y represiva dictadura de Rafael Trujillo Molina, episodio que conmovió profundamente a la sociedad nuestra y que motorizó y dio impulso a la decisión de un grupo de valientes que ejecutaron el 30 de mayo de 1961 el ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, al cual el autor de esta columna ha descrito en su realidad personal, y lo que era en la verdad social, política, militar y económica el pueblo dominicano, que como sociedad fue incorporada al siglo XX.

Los peledeístas, encabezados por nuestro gobierno y por el partido, no podemos cerrar los ojos y mucho menos taparnos los oídos, convirtiéndonos en indiferentes frente al proceso crítico que está viviendo el PLD.

El que tiene autoridad y el poder para escoger a las mujeres y hombres de nuestro partido obligado a conformar el gobierno es el pueblo, valiente, coherente y decidido; encabezado por el presidente de la República, el presidente del partido, los organismos que lo conforman y dirigen, particularmente el Comité Central y el Comité Político; actuemos para enfrentar a quienes nos adversan, quienes toman como base de apoyo las mentiras, difamaciones y calumnias, a los que se ha sumado la vergonzosa, detestable e irresponsable conducta de pedir a las autoridades de Estados Unidos de América su intervención en la vida política del pueblo dominicano.

¡Fuera los traidores de la vida nuestra! Tengamos presente ahora y siempre que “la pelea es peleando”.

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