Temístocles Montás
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Por Temistocles Montàs
El impacto económico que está teniendo la enfermedad producida por el coronavirus no puede entenderse sin comprender el proceso de globalización. Este proceso, consustancial al desarrollo del capitalismo, es alimentado por, y que resulta en, el aumento de los flujos transfronterizos de bienes, servicios, dinero, personas, etc. En los últimos 40 años, ese proceso se ha expandido de manera impresionante, produciendo un reordenamiento económico a nivel mundial.
De ese proceso, China ha emergido como la principal economía del mundo, valorado en paridad de poder de compra. China representa el 19% del PIB mundial; el 11% del comercio, el 9% del turismo y el 40% de la demanda de materias primas. Ese país, hoy es considerado como la fábrica del mundo. De manera que si China estornuda el mundo se resfría.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de considerar al coronavirus como una pandemia global. La enfermedad producida por este virus se originó en China y los primeros casos fueron reconocido por el gobierno de ese país el 31 de diciembre del año pasado. Desde entonces la enfermedad se ha expandido rápidamente por ya casi todo el mundo. El 22 de enero se reportaron de 555 casos, 17 personas muertas y con presencia en 7 países; el 15 de febrero se reportaron 69,032 personas contagiados, 1,666 muertes y el virus se habían diseminados en 30 países; el 9 de marzo, según la OMS, se habían registrado más de 118.000 contagiados en 114 países y los muertos ascendían a 4.291.
Una consecuencia inmediata de esa situación ha sido el cierre de fábricas, negocios, centros escolares, la restricción de viajes, tanto a nivel interno como a nivel externo, lo que no solo ha sucedido en China sino también en países que como Italia están pasando por un mal momento en lo relativo a la enfermedad.
Los impactos económicos generados por esta situación ya son evidentes. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económica (OCDE) prevé que este año, en el peor escenario, la economía mundial reducirá su crecimiento casi a la mitad de lo que originalmente se previó (2.9% versus 1.5%).Una señal muy clara de lo que está ocurriendo es el comportamiento negativo de las bolsas de valores. También se prevén más reducciones de los precios del petróleo lo que podría afectar a los productores norteamericanos de petróleo procedente de esquito, que necesitan precios por encima de los 50 dólares el barril para poder operar. Además, se prevé que el comercio mundial se contraiga mucho más que lo que se contrajo el año pasado y en el caso del transporte aéreo, la Asociación Internacional del Transporte Aéreo, mejor conocida como IATA, proyecta que las líneas áreas podrían perder 113 mil millones de dólares durante este año por la disminución de los viajes.
Hay que prestarle atención a esta situación y prepararse para adoptar políticas fiscales y monetarias que reduzcan el impacto de esta situación en nuestro país.