Temístocles Montás
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El carácter global del COVID-19 y el comportamiento diverso de los países en cuanto a estrategias para contener la enfermedad, ha abierto un debate en torno a qué sistema político ha respondido con más eficacia a la situación. Para muchos, la rapidez con que China logró contener la propagación es señal de que un régimen autoritario es más eficaz para hacer frente a problemas de esa naturaleza que el democrático.
Esta conclusión podría ser el resultado de una lectura acrítica de la cosa. Hoy, en China, país origen de la pandemia, han muerto 4 por cada millón de habitantes y el tema luce estar bajo control. En cambio, en los países de democracias maduras, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y España, el número de personas muertas por millón de habitantes se ha movido en un rango entre 363 y 630, sin que se tenga claro hasta donde llegarán estas cifras.
La brecha es enorme; sin embargo, la conclusión basada en eso pierde de vista que países democráticos como Japón, Corea del Sur y los territorios chinos de Taiwán y Hong Kong (con regímenes democráticos) exhiben un comportamiento igual y hasta mejor que China en el control de la pandemia. En Japón han muerto 8 personas por millón de habitantes; en Corea del Sur, 6; en Taiwán y Hong Kong, menos de 1; y en Singapur ha sido hasta ahora 5. Otro ejemplo es la India, país democrático, en donde se han producido hasta hoy 9 muertos por millón de habitantes.
Visto estos comportamientos, la explicación habría que buscarla en otro lado. Más que a la diferencia de regímenes políticos, el éxito observado en sus respectivas respuestas tiene que ver mucho con la tradición cultural de esos países. Tal y como señala Miguel García Vega en un reciente trabajo en el periódico El País de España, la moral económica de esos países procede de la tradición del confucionismo y el budismo, doctrinas que enfatizan la reciprocidad benigna.
García Vega explica el concepto de reciprocidad benigna ligándolo a la idea cristiana de no hacer a los demás lo que no quieres para ti. Señala que mientras en Occidente esa idea resulta un pensamiento débil y vago, en Oriente es un precepto básico. Esto hace que predomine el bien común frente al individual, y que se reconozcan las obligaciones de cada cual.
Adicionalmente hay que mencionar otro factor. En Occidente, en un primer momento, la pandemia se trató de presentar como una simple gripe, lo que retrasó la reacción. Es imposible olvidar que Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonoro y unos cuantos más minimizaron los efectos del virus. Esto, más el individualismo imperante en esos países, suma explicación al hecho de que sean los más afectados por la pandemia.
Entonces, si algo hay que aprender del manejo de esta pandemia es la necesidad de apostar más a lo colectivo que a lo individual. ¿Será posible en democracia?