Ha sido el empresariado nacional el que ha puesto sobre el tapete la preocupación respecto al impacto que tiene para el país una agenda dominada por el populismo. En ese sentido, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) ha señalado de manera directa los riesgos que significa para el desarrollo nacional el aferrarse a prácticas populistas y clientelistas. Frente a estas agendas, el sector empresarial insiste en que el progreso requiere de acuerdos nacionales amplios, el fortalecimiento de las instituciones y un clima de negocios favorable.
Sin embargo, atribuyéndose la representación de la voluntad del pueblo, el gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM han impulsado iniciativas que chocan con la institucionalidad tradicional, alejándose de la planificación y la organización que guían a las administraciones responsables.
Sin reparar en el daño a corto y mediano plazo que esto ocasiona, el oficialismo se ha montado en el carro del populismo, prefiriendo el aplauso inmediato antes que las acciones estratégicas de resultados permanentes.
En ese proceso de irresponsabilidad en el manejo de los insuficientes recursos del Estado, se ha caído en la práctica de otorgar pensiones sin justificación, materializando el criterio de que «a lo que nada nos cuesta, hagámosle fiesta».
Ese es el caso, también, de la anunciada entrega con bombos y platillos de RD$1,500.00 a un millón de personas con motivo del Día de las Madres.
El PLD no se opone a las políticas públicas de apoyo a los más necesitados; a lo que se opone es a que los fondos públicos sean utilizados de manera medalaganaria, sin transparencia ni mecanismos de fiscalización que garanticen que lleguen a su destino, el cual debería estar previamente definido por un mapa de pobreza y otros criterios científicos.
Solo así se evitaría que luego veamos —como en otras ocasiones— a una sola persona disponiendo de un paquete de tarjetas en un supermercado.
Además, el PLD considera que debe superarse la degradante práctica de poner un pie en la garganta de la gente para, en el último minuto, dejarla tomar una bocanada de aire. No otra cosa significa golpear a la población con los altos precios de los productos de consumo masivo para luego desempeñar el papel del salvador que acude con mil quinientos pesos, una cifra que apenas alcanza para adquirir los alimentos de un almuerzo o una cena precarios.
Un país debe regirse por una agenda y por un programa de gobierno serio y completo, no por los resultados de encuestas, sondeos o los likes que dominan las redes sociales.
Esto debe acabar. La República Dominicana no puede seguir expuesta a los vaivenes y a la improvisación de quienes no piensan en el desarrollo a largo plazo.
Ojalá que esto se termine de entender en el Gobierno, por el bienestar de todos.