Editorial

Detengamos a tiempo ese mal

La difamación, la irreverencia y la extorsión se abren paso en la República Dominicana en forma acelerada.

En una dolorosa carrera sostenida y sin reparos, los medios de comunicación, con muy contadas excepciones, devienen en cantera de insultos y chantaje, atropello a la dignidad de la persona y violación flagrante a la institucionalidad.

Con singular espanto, observamos, leemos y escuchamos como se hace añicos la imagen de un ciudadano, en una desenfrenada violencia mediática contra el pudor que alcanza todo estamento de la sociedad, incluyendo a la jefatura del Estado.

Estamos en presencia de una nación donde la difamación y el ultraje encuentran resguardo y aliento en una mal interpretada y antojadiza libertad de expresión y difusión del pensamiento.

Con esta advertencia, Vanguardia del Pueblo no se limita a salirle al frente a «hechos aislados» o a deslenguados de amplia presencia en medios de comunicación, a quienes se les tienen permitidas sus aberrantes violaciones a la ley, bajo el infeliz pretexto de que son «personajes pintorescos» o con «trastornos de personalidad».

La comunicación social, en todas sus áreas y manifestaciones, tiene como elemento vital y común, la promoción de valores, la denuncia responsable de los actos reñidos con la ley y las normas para la vida en convivencia y el sagrado deber de informar con apego a la verdad.

Bajo ninguna circunstancia un medio de comunicación, público o privado, debe estar en manos o servir de instrumentos a portadores o forjadores de inconductas.

Pensamos llegado el momento de que el liderazgo nacional, en todas sus vertientes, aquilate con el rigor de la gravedad de los hechos lo que acontece en nuestra nación con la propiedad y el uso irresponsable, temerario e ilegal de los medios de comunicación, sometidos a la vorágine del insulto, el descrédito y la descomposición cotidiana, ocasionando severo daño al estado de derecho y a la colectividad familiar e institucional dominicana.

Apelamos a los sanos propósitos de la Sociedad Dominicana de Diarios, al Colegio Dominicano de Periodistas y a todo el colectivo gremial vinculado a los medios de comunicación, para que en un acto de reafirmación de los valores que le dan sustento legal y legítimo a esta noble empresa y ejercicio profesional, aunemos esfuerzos para detener y desterrar una práctica ya constituida en seria amenaza para el presente y el futuro de nuestra amada nación.

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