Editorial

Cumplir con lo que le corresponde

Las intensas lluvias del pasado día 10 de julio sobre la ciudad capital y provincias cercanas trajeron a la palestra el tema recurrente de la basura o la recogida y deposito final de los desperdicios sólidos, para usar términos recurridos en los nuevos tiempos.

Es en estos tiempos, de manejo mediático, en los que se ha manipulado para que solo se vea la arista ecológica del caso, problema, según lo explicado, que lo provoca la falta de educación ciudadana.

Sin duda alguna este es un enfoque fundamental, pero no único, aquí debemos poner en primer plano la desatención de las autoridades municipales de la ciudad capital, quienes han minimizado el grave problema para privilegiar otros de importancia cosmética, que genera despliegue de titulares en la prensa escrita y reportajes en los medios electrónicos.

La acumulación de toneladas de escombros en varios puntos de la costa del Distrito Nacional, en el tradicional malecón, se origina en el descuido en la recogida de los desperdicios.

En el fin de semana una de las asociaciones comunitarias que se encarga del aseo de los barrios de la parte alta de la ciudad capital, admitió que ha habido deficiencia en la recogida de basura debido a “que no se les paga a tiempo” para comprar el combustible que utilizan los camioncitos recolectores.

Tampoco el cabildo le ha dado importancia a la limpieza y saneamiento de las cañadas que desaguan en los ríos Isabela y Ozama.

Es una irresponsabilidad atribuir solo a la falta de educación las inundaciones de la ciudad el día de las copiosas lluvias o la basura que se ha acumulado en el malecón.

Las autoridades municipales no han asumido con responsabilidad la tarea de limpiar la ciudad y recoger la basura, por lo que sobresalta una metrópoli de calles y avenidas sucias con vertederos improvisados en isletas y equinas de barrios, residenciales y zonas comerciales.

Es una situación alarmante por los peligros que representa para la ciudad capital de un país que tiene en el turismo uno de los ejes esenciales su economía, para el medio ambiente y la salud pública, pero también un acto de desprecio para una comunidad que se ha ganado el derecho a vivir mejor.

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