Opinión

Ideas de los ganadores del Nobel para República Dominicana

Por: Juan Ariel Jimenez | El desarrollo económico vuelve a ganar el Premio Nobel de Economía, esta vez de manos de los académicos Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. El trabajo de estos tres economistas se centra en explicar cómo la innovación y el desarrollo tecnológico, tanto de nuevos productos como de nuevas formas de producción, impulsan el crecimiento económico sostenido.

En este contexto, vale la pena preguntarse qué ideas se pueden extraer de sus investigaciones para mejorar el crecimiento económico dominicano, y con ello la generación de empleos y el poder adquisitivo de las familias.

El crecimiento no se sostiene solo

La primera idea es que el crecimiento económico sostenido no se debe dar por sentado, sino que requiere apoyo constante. Esta lección es especialmente importante para nuestro país, considerando la pérdida de dinamismo de la economía en los últimos años.

En lo que va de 2025, la República Dominicana es el segundo país de menor crecimiento económico de América Latina, solo superando a México. Y no es la primera vez, en 2023 también estuvimos entre los países de peor desempeño. Esto debería ser motivo de preocupación, ya que pasamos de liderar el crecimiento regional entre 1970 y 2019 a quedar rezagados. Como bien ha dicho la destacada economista dominicana Mercedes Carrasco, hemos pasado de la vanguardia a la retaguardia.

Por eso, vale la pena pensar cómo las ideas de los nuevos ganadores del Nobel pueden ayudarnos a repensar el desarrollo nacional.

Joel Mokyr: conocimiento y aprendizaje práctico

Joel Mokyr explica que las economías crecen cuando existe una sinergia entre el conocimiento prescriptivo y el conocimiento proposicional.

El conocimiento prescriptivo consiste en hacer que algo funcione: descubrir la cura de una enfermedad o desarrollar una tecnología que elimine el sargazo del mar. En cambio, el conocimiento proposicional busca entender los mecanismos naturales que hacen posible ese funcionamiento: comprender la bioquímica detrás de la medicina o el proceso por el cual la máquina altera la composición del sargazo.

Para lograr ambos tipos de conocimiento, es indispensable mejorar sustancialmente la calidad de la educación. Y eso implica actuar con decisión en los aspectos de mayor impacto: educación inicial, excelencia docente y excelencia de los directores escolares.

Mokyr también resalta la importancia de los esquemas de aprendizaje en el trabajo, como pasantías o prácticas profesionales, que conectan el mundo académico (conocimiento proposicional) con el mundo práctico (conocimiento prescriptivo). En este sentido, la República Dominicana debería desarrollar sistemas de formación dual, en los cuales los estudiantes pasen parte de la semana en las aulas y parte en empresas, como ocurre con los médicos que alternan la teoría con la práctica clínica.

Un tercer punto clave es fortalecer la educación técnica, especialmente la técnica superior, que suele estar más vinculada al mundo laboral. Resulta extraño que un país con un auge turístico de décadas no haya desarrollado en el Este un instituto técnico superior de turismo para formar los chefs, guías y administradores que esta “industria sin chimeneas” necesita.

Aghion y Howitt: la destrucción creativa y la competencia por innovar

Por su parte, Philippe Aghion y Peter Howitt estudiaron en profundidad y formalizaron el concepto de destrucción creativa, originalmente planteado por Joseph Schumpeter.

La idea es sencilla: la innovación ocurre cuando las empresas buscan desarrollar nuevos productos y métodos de producción para ganar más clientes, aunque eso implique desplazar a las empresas que se quedan rezagadas. Esa competencia constante produce una destrucción creativa, donde las firmas más innovadoras sustituyen a las menos dinámicas.

Un ejemplo clásico es el del mercado de los celulares: cuando Apple lanzó el iPhone, desplazó a Nokia, que dominaba el mercado hasta entonces. Miles de empleos se perdieron en Nokia, pero se crearon igual o más en Apple y en toda la nueva industria que surgió alrededor de los teléfonos inteligentes.

El desafío es que las empresas amenazadas por la innovación, junto con otros grupos de interés, pueden tratar de bloquear el cambio. Por eso, las sociedades deben estar abiertas a la transformación y preparadas para enfrentar los vaivenes naturales de la innovación, incluyendo la desaparición de ciertos empleos y la creación de otros más productivos.

De Aghion y Howitt no solo debemos aprender la importancia de invertir en innovación y desarrollo, sino también la necesidad de fomentar la flexibilidad laboral y establecer sistemas efectivos de reentrenamiento de trabajadores.

Además, el sueño de una empresa dominicana debería ser mejorar su rentabilidad logrando conseguir más clientes que adquieran sus nuevos productos o bajando los costos de producción innovando en los procesos, no ser más rentable consiguiendo más contratos con el gobierno. Y es que la rentabilidad empresarial no debe depender de incentivos tributarios, amnistías fiscales o créditos baratos por liberación de encaje, sino de la excelencia productiva y la presión por innovar. En resumen: salir de la comodidad facilitada por el gobierno y asumir la competencia del mercado como motor del progreso.

En definitiva, el modelo económico dominicano muestra signos de agotamiento. Es hora de sustituir las excusas por nuevas ideas.

Y en los ganadores del Premio Nobel de Economía de este año encontramos una fuente inagotable de sugerencias sobre cómo construir un futuro dominicano más próspero: invertir en conocimiento, mejorar la educación, fomentar la innovación y permitir que la competencia impulse el talento.

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