Un acto festivo de tinte gobiernista-partidista sirvió de escenario para dar la bienvenida al partido de gobierno a una ejecutiva municipal que ingresa a dicha agrupación procedente de un partido al que había jurado lealtad, con lo que se puso nuevamente el tema del transfuguismo en el tapete.
En los diccionarios de política y los jurídicos se estima esta figura como la forma de comportamiento en la que un individuo abandona la formación política en la que se encontraba para pasar a engrosar las filas de otra.
En un primer significado el diccionario de la Real Academia de la Lengua define al tránsfuga como la “Persona que con un cargo público no abandona este al separarse del partido que lo presentó como candidato”.
La definición de la RAE describe lo acontecido con la alcaldesa del municipio cabecera de la provincia San Juan. Teniendo el cargo municipal, y conservándolo, se separa del partido que la postuló.
La Ley de Partidos regula en República Dominicana esa malsana práctica, pero manipulaciones en el tribunal electoral lograron ignorar ese enunciado, redactado con la intención de superar esa maña, lesiva al sistema partidario.
Para la comunidad política la actitud de la ejecutiva municipal no sorprende pues se le ha visto pasar de un partido a otro o de una corriente interna de simpatía a otra con una facilidad espantosa. Cambia de color partidario como por arte de magia.
El transfuguismo fue una práctica ejercida en las pasadas elecciones dominicanas por una fracción partidaria que ahora resulta afectada por el paso de la funcionaria municipal al partido oficial. En la práctica ha recibido una dosis de su propia medicina.
En esencia, el transfuguismo es el interés personal colocado por encima del interés partidario y colectivo; el desconocimiento de las instituciones ante las cuales se han comprometido lealtades y compromisos.
El tránsfuga no es más que un ejemplo de traidor, de mercenario político, de un individuo que viola la fidelidad debida a los electores o a quienes lo consideran su compañero o compañera partidario.
Con tantos ejemplos de esta desviación política se impone que en la propuesta de modificación de la Ley de Partidos se retome el tema del transfuguismo para que el mandato obtenido por un funcionario electo pertenezca al partido y no al individuo.