Editorial

Atentos a la situación de nuestro vecino

Las declaraciones de la vicepresidenta de la República, Margarita Cedeño, en función de presidenta y del Ministro de Defensa, teniente general Rubén Darío Paulino Sem, sobre los controles y medidas de seguridad en la franja fronteriza con la República de Haití tranquilizan, aunque debemos estar atentos a lo que sucede en el vecino país.

Una situación volátil, con predominios de actos violentos e incertidumbre por lo que pueda suceder allí, con más de una semana de disturbios y movilizaciones, es para inquietarse

Las imágenes de las confrontaciones son aterradoras, multitudes enardecidas, saqueos, incendios y destrucción de propiedades, generan pánico.

Desde el 7 de febrero se vive en Haití una situación de violencia creciente que ha causado la muerte de civiles inocentes y destrucción de propiedades pública y privada.

Las protestas han elevado la inseguridad en la hermana nación caribeña, provocando un clima de caos e incertidumbre acrecentando la situación de crisis que ha golpeado una economía en el abismo, agravada por la fuerte depreciación de la moneda.

Finalizando la pasada semana la capital, Puerto Príncipe, estaba literalmente paralizada, cerradas las escuelas, los bancos, las estaciones de servicio y muchos comercios, por el temor a sufrir más robos, con un transporte público prácticamente nulo.

Las protestas en Haití no solo se han tornado más violentas, también ha salido a flote al matiz político al evolucionar de los reclamos contra la corrupción a la demanda de renuncia del presidente Jovenel Moïse.

Varios países, con representaciones en Haití, han tomado medidas ante el recrudecimiento de las protestas. Es el caso de los Estados Unidos, que ha retirado al personal diplomático “que no es de emergencia” y ha advertido a sus ciudadanos que no viajen al país. Canadá ha cerrado su Embajada en Puerto Príncipe y ha ordenado la repatriación de sus nacionales. España ha recomendado extremar las precauciones y limitar “al máximo los desplazamientos, ante la “situación de inestabilidad” que golpea al país caribeño.

Confrontaciones, los saqueos y el estado de violencia han traído consigo escasez de comestibles, agua potable y combustibles, entre otras limitaciones y precariedades que desesperan y empujan al necesitado a abastecerse, en este caso, mirando hacia la frontera del territorio más cercano.

El peligro lo tenemos cerca por lo que, aunque confiemos en que se tiene el control en la frontera, debemos estar vigilantes y no ser indiferentes. La situación de nuestro vecino es bastante seria. Ya lo dice el refrán: “Cuando veas las bardas de tu vecino quemar, pon las tuyas a remojar”.

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