Tomando las cosas por las ramas, como ha sido la característica de la presente gestión de gobierno, el jefe del Estado reclama del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el resto de la oposición, que han rechazado su propuesta de reforma a la Constitución, recomendaciones y soluciones a los problemas que supuestamente pretende enfrentar con una reforma a la Ley Fundamental de la Nación.
Queda claro que el mandatario o sus asesores no leyeron un documento emitido por la representación del PLD en el marco del diálogo del Consejo Económico y Social.
Ejerciendo un rol de opositor responsable, el PLD comunicó a la mesa de consulta que no apoyará una reforma constitucional en la presente coyuntura, acompañando su rechazo de una serie de sugerencias y citas de ocho proyectos de leyes ordenados por la Constitución de 2010, que están pendientes y recordando el conocimiento y promulgación de 21 leyes que el PLD contribuyó, durante sus últimos 10 años de gobierno, a su elaboración y aprobación en el Congreso Nacional.
El mandatario ofrece una respuesta trivial a un tema fundamental de la democracia, que es la Ley de Leyes del país, a la que se supedita el complejo de leyes y normas que rigen nuestro sistema.
Ante el limbo en que se encuentra el debate sobre la propuesta de reforma a la Constitución, tras la posición asumida por el PLD y la oposición el presidente dice estar dispuesto a negociar con el liderazgo, lo que confirma que la propuesta de reforma a la carta magna es una cortina de humo, con la que se trata de enmascarar los verdaderos problemas nacionales, que son los que en verdad preocupan a la ciudadanía y deberían preocupar a los «inquilinos» actuales del palacio presidencial.
Como lo expresara el PLD en un documento público, la reforma de la Constitución no es una prioridad en las presentes circunstancias de la vida de la nación, afectada por serios problemas que debilitan de manera sensible a la clase media y a los sectores más pobres y vulnerables de la población.
En lugar de contribuir a avanzar en el afianzamiento de la institucionalidad, la propuesta de reforma más bien representa un retroceso antidemocrático implícito en un escrito lleno de incoherencias y deficiencias jurídicas que originan el rechazo que ha recibido.
En su respuesta a la responsable decisión asumida por el PLD y la oposición el presidente de la República, procurando un rol protagónico, en cumplimiento de la condición de candidato que no ha abandonado, pese a ser presidente del país desde hace 17 meses, ha cometido la indelicadeza de afirmar que la oposición teme a una transformación del texto supremo de la nación, que lleva a que se le responda con el título de una canción al ritmo de salsa: Presidente, ¿quién dijo miedo?