Editorial

Con calidad para demandar respeto a nuestros conciudadanos

El secuestro de un grupo de profesionales dominicanos que se desplazaban en territorio nuestro en un transitar turístico en la franja fronteriza, ha hecho que se volcaran las miradas hacia esa conflictiva zona.

Mediante reportajes, análisis, comentarios, opiniones por montones en los medios de comunicación y redes sociales se presentó la indignación colectiva por el secuestro de este grupo de profesionales dominicanos, encabezado por un eminente medico.

El hecho ha desatado la tesis del antihaitianismo, por un lado y de la defensa de los haitianos, sumidos en la pobreza por el otro. Se ha hablado de invasión pacífica, de la propuesta de construcción de un muro y hasta se dejó entrever el surgimiento de una marcha de nacionales haitianos hacia Republica Dominicana, similar a los centroamericanos que avanzan hacia Estados Unidos.

Lo cierto es que la población ha reaccionado enfurecida al divulgarse los detalles del secuestro de estos ciudadanos dominicanos por nacionales del vecino país en tierra dominicana, despojándolos de sus pertenencias y los medios de transporte que utilizaban para su desplazamiento.

Es sin duda alguna una ofensa imperdonable, una transgresión a nuestras leyes y un delito internacional que requiere se le preste la debida atención.

Conocedores del tema vienen hablando de bandas organizadas con complicidad local, que ha prosperado en la práctica del rapto y secuestro como negocio, una infracción común, recurrente, según las explicaciones de reportajes periodísticos generados en la zona.

El suceso tiene que ser investigado y tomar los controles correspondientes, porque se nos quiere presentar esos territorios como zona de nadie, que admitiéndolo sería un acto de irresponsabilidad y una debilidad institucional que choca con los ideales libertarios enarbolados por nuestros héroes y mártires.

El bochorno de que fueron objeto nuestros conciudadanos merece que se exija a las autoridades haitianas una explicación, mientras las nuestras investigan las interioridades del caso, que al parecer tiene antecedentes.

Viendo el hecho objetivamente llegamos nuevamente a la conclusión de que se requiere en nuestra frontera mayores controles, autoridad y decisión.

República Dominicana ha dado sobradas muestras de respeto hacia con nuestros vecinos del lado occidental de la isla, de buena convivencia; y como tal, tiene méritos suficientes para demandar respeto para nuestros conciudadanos.

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