Editorial

Que no corran la misma suerte

El asesinato de la joven Anibel González en San Pedro de Macorís ha impactado la sociedad despertando manifestaciones de dolor y solidaridad colectiva.

Con la muerte de la profesional del derecho falleció también su homicida, hombre con una larga cola de agresiones a mujeres que habían sido su pareja, incluyendo Anibel González, quien dos años atrás había sido herida con un arma punzante.

Yasmil Oscar Fernández Estévez, el agresor, se encontraba libre a pesar de haber sido condenado en el 2017, a cinco años de prisión por la agresión descrita. Estaba en libertad con tan solo haber cumplido un año y medio de prisión, con un historial de violencia física y sicológica en contra de la víctima.

En el primer trimestre del presente año se registraron veinte feminicidios en República Dominicana, según datos de la Procuraduría General de la República, que en el mismo período de 2018 computó, 18 los casos de asesinatos contra mujeres, solo por ser mujer.

El temor se ha apoderado al ver como suceden los crímenes unos tras otros, respondiendo siempre a la misma descripción.

Es un hecho repetido, una mujer presenta una denuncia de maltrato o amenazas y aparte del papeleo que genera la querella, ninguna autoridad las protege y si lo hace, no conlleva la consistencia que el caso amerita, porque se trata de vida.

Las garantías que se supone existen para tratar estos casos no están funcionando, demostrando una debilidad institucional que amerita una profunda revisión para que las estadísticas cambien.

Como bien lo ha declarado la Secretaría de la Mujer del PLD, el Estado y toda la sociedad tienen la responsabilidad de promover cambios de actitudes, valores y comportamientos a los fines de lograr la erradicación de la violencia contra las mujeres en todo su ciclo de la vida, evitando así los feminicidios en el país.

Es más que necesario romper el círculo de la violencia contra las mujeres, el cual se hace extensivo a la familia; brindando más seguridad y protección, mientras se avanza con disposiciones legales y enseñanzas para reconocer y detectar los agresores en un trabajo de prevención.

¡Ni una mas¡ ha de ser la consigna que guíe a las autoridades y a la sociedad.

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