Editorial

Prevenir antes que remediar

Muchos de los usuarios de la autopista de Las Américas rumbo a la región Este se preguntan las causas por las cuales la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) se encuentra ausente casi todo el año del “tramo de la muerte”, el que va desde la estación de peaje hasta la entrada al poblado de Boca Chica.

Se sabe que ese tramo está densamente poblado y que el trasiego a pie o en motor y bicicleta por toda su extensión es una verdadera aventura por preservar la vida. Mucho más, si desaprensivos conductores de todo tipo de vehículos ni siquiera reparan reducir la velocidad al mínimo posible para proteger a todos los que por allí circulan.

¿Qué tan costosos resultarían letreros de advertencia en ambos tramos de la vía que ordenen reducir la velocidad a 60 kilómetros por hora y apostar agentes de la AMET que hagan cumplir la disposición?

Son estas, en apariencia, pequeñas fallas las que provocan la siguiente interrogante ¿ha valido la pena crear instituciones de servicio público, si las tareas más sencillas las dejan de lado?

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