Editorial

Conquista que debemos preservar

Guiado por el pensamiento del Profesor Juan Bosch, un convencido que la actividad que más influye en la política es la economía. “Si la economía marcha bien, marcha bien la política, pero si marcha mal, marcha mal la política”, sostenía; podemos decir, con autoridad, que la cosa anda bien en República Dominicana.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revisó las proyecciones de crecimiento de la actividad económica de la región para 2018 y espera una expansión promedio de 1,3% en América Latina y el Caribe durante este año y para 2019 se prevé una tasa de crecimiento del 1,8%.

Se vaticina un declive de las economías latinoamericanas, mientras República Dominicana sale a flote figurando entre las que tendrá un crecimiento, con una proyección de cierre del año con 5.7%, un contraste con los países de nuestra América.

Conociendo esos datos que provienen de un organismo multilateral especializado, se da a conocer que hemos escalado de la posición 104 a la 82 en el Índice Global de Competitividad, tabla que mide las capacidades de un país para proveer prosperidad a sus ciudadanos.

Lo que esto significa es que las políticas públicas de impulso al desarrollo productivo aplicadas por el gobierno van dando su fruto, más sin embargo un ambiente de duda e incredulidad prevalece en una parte importante de la población.

En una encuesta de recién publicación, de cierto nivel de credibilidad, el desempeño del gobierno no es bien valorado, lo que contrasta con los reales números de la economía, que retratan el verdadero sentir de la gente.

En la desaprobación ha jugado su papel la oposición política, quienes desde diferentes frentes atacan al gobierno y no cesan en sus afanes de sembrar el desconcierto en la población, pero también, debemos admitirlo, no se ha concebido una comunicación estratégica efectiva, lo que se manifiesta en mensajes dispersos, de pobre claridad y no bien dirigidos.

A eso le sumamos retraimiento en la defensa pública de la obra de gobierno y en algunos casos desconexión con la estructura partidaria que sustenta el gobierno.

El crecimiento con estabilidad es predominante en nuestra economía, conquista que debemos preservar a toda costa, porque es aquí en donde estriba la diferencia con nuestros hermanos países del continente en donde predominan desagradables ambientes de turbulencias y perturbaciones.

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