Estremecedor resultó el reporte periodístico en el que se da cuenta de que familias de barrios urbano-marginales del Gran Santo Domingo han vivido escasez de alimentos y reducido a dos y hasta a una las comidas que ingieren en el día.
La nota se deriva de un informe fruto de una investigación de entidades de la llamada sociedad civil que nada tienen que ver con el PLD u otras organizaciones políticas.
El PLD advirtió con tiempo sobre el daño que generaría a la economía el retiro de los subsidios, daños que ya se están viendo y que se reflejan ahora también en la alimentación y salud de miles de dominicanos y dominicanas.
En lugar de las llamadas tres calientes ahora son dos, y si acaso, porque a la falta de recursos se le suman los prohibitivos precios en los productos de primera necesidad, entre los que se encuentran los de la dieta diaria.
Carestía y escasez que están llevando a la población a consumir productos caros, mientras se desatiende a los tradicionales productores agropecuarios y a los agricultores.
El país se ha sentido impactado al ver tirar a la basura cebollas, ajíes, papas, zanahorias y hasta leche, como sucedió con productores del llamado vital alimento en la zona Norte del país.
Un drama que se vive en los hogares dominicanos a todos los niveles. En los de abajo porque dejan de cocinar y en los de clase media, en los bolsillos, cada vez que van al supermercado o colmado.
La carestía se manifiesta también en los servicios y en las medicinas en momentos que se vive en una emergencia sanitaria, ahora con un rebrote en el país de la pandemia Covid-19.
El cuadro descrito, que angustia a las familias, recibe la manoseada explicación del alza de la materia prima, a lo que se le da la nada original respuesta de amenazar con importaciones masivas, sin tomar en consideración el precio, que las propias autoridades reconocen están altos.
La improvisación, letargo e insensibilidad del Gobierno están impactando en la población al igual que la pandemia de la Covid-19.