Editorial

El calvario de una población indefensa

Estando ya en plena Semana Santa, período en el que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo, remembranza de una dilatada tradición en República Dominicana, no debemos pasar por alto los múltiples problemas que agobian a una población indefensa, engañada por una propuesta de cambio que ha devenido en un retroceso para todo el país.

La celebración religiosa por un lado y el aprovechamiento del asueto están empañados por los altos precios que mantienen los combustibles, pese a significativas reducciones del precio del barril del petróleo en los mercados internacionales.

Los apagones han regresado, no porque no se cuente con la capacidad de generación de energía, sino por la improvisada gestión de las llamadas Edes, que abusan del usuario y registran enormes pérdidas que se procura compensar con la suspensión del servicio.

Los vacacionistas se desplazarán sin la garantía que ofreció el pasado gobierno de un eficiente servicio de emergencia con el 9-1-1 y el auxilio vial, que contaba hasta con talleres ambulantes para servir al automovilista.

El alto nivel inflacionario tiene a la familia dominicana comiendo menos o sencillamente no comiendo, por los prohibitivos precios de los alimentos, situación que también se vive con las medicinas, en perjuicio de la salud de los ciudadanos y las ciudadanas.

Feligreses y vacacionistas tienen que salir temerosos a las calles por la inseguridad predominante en las vías públicas en todo el país.

Y cerrando el calvario, pretenden entretener a la ciudadanía con expedientes abultados tipo drama o novela, siguiendo al pie de la letra los preceptos de judicialización de la política.

Aprovechemos este tiempo de reflexión para abogar por un mejor país, para pensar en enfrentar los intereses extranjeros que atentan contra la soberanía y se asimile la urgencia de defender la democracia y el sistema de partidos, gravemente amenazados por un gobierno que prometió y no cumplió. República Dominicana requiere, demanda, transitar por un camino sin las turbulencias generadas por las actuales autoridades.

Semana Santa es tiempo de reflexión y para el ejercicio con moderación del derecho al descanso y a la sana diversión, lo que motiva que reiteremos el llamado a la prudencia en su ejercicio. Evitemos ser parte de las estadísticas nefastas de estos días. Nuestras familias y el país nos necesitan para hacerle frente desde la posición en que nos hallemos a un gobierno que no pega una cuando se trata de políticas públicas en favor del pueblo dominicano.

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