Editorial

Sociedad estremecida con las muertes de menores

Con una sociedad conmocionada con la elevada cifras de recién nacidos muertos en el hospital materno infantil San Lorenzo de Los Mina se despacha con unas atrevidas declaraciones, quien debe ser garante de la salud y vida de los neonatos, el director del Servicio Nacional de Salud.

Disfrutando de los privilegios del puesto y entendiendo que está en campaña electoral, el inefable funcionario, antes crítico mordaz del sistema de salud desde una tribuna radial, se despacha con la irónica afirmación de que “están resolviendo una crisis sanitaria que fue heredada”.

Olvida que tiene ya casi tres años en las funciones y que todas las fórmulas que recomendaba se han ido por sumidero porque el sistema sanitario colapsó en su gestión.

Un total de 72 recién nacidos murieron en la Maternidad San Lorenzo de Los Mina en los primeros tres meses de este año, lo que representa 15 fallecimientos más que los confirmados en el mismo periodo de 2022, de acuerdo con datos proporcionados por el propio hospital, que lleva a decir al endiosado funcionario que es una crisis heredada. Una manifestación de cinismo que no se puede recoger por más excusas y justificaciones que quiera presentar.

En medio de la consternación generada por la noticia de la muerte de los recién nacidos, el país es impactado por dos asesinatos también a menores

Dos asaltos en menos tres días confirman con toda crudeza una realidad estremecedora , sobre todo por los fallecimientos de menores

Carla Maribel Concepción, de 14 años, cayó sacudida por dos balazos propinados por antisociales en el sector Los Guandules, Distrito Nacional.

Gioser Luis Feliz, de 9 años, llegó al país procedente de Estados Unidos, bajó con su familia en el Aeropuerto del Cibao y cuando se desplazaban hacia Villa Vásquez, fueron asaltados y el infante murió de un balazo en la cabeza.

Estos hechos reflejan que la delincuencia no tiene límites y se ampara en la incompetencia de quienes está llamado a perseguir a sus autores y llevarlos a la justicia, pese a que en la campaña electoral vendieron hasta la saciedad la promesa y compromiso de que en menos de dos años eliminarían estas acciones violentas. Otra muestra del fracaso de un mal llamado cambio.

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